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Chiquita empanada mental

De vez en cuando, sólo cuando se lo merece, me gusta meterle un viaje al godo; pero es que los canarios tenemos también cosas de huéleme el culo. Nuestra provincia se llama Santa Cruz de Tenerife; su capital es Santa Cruz de Tenerife; su isla principal (ya saben que esta provincia tiene cuatro) se llama Tenerife. La otra provincia, con tres islas (cuatro, con La Graciosa), tiene una, la principal, que se llama Gran Canaria. Pero la provincia se llama Las Palmas. Y su capital, Las Palmas de Gran Canaria. En la isla de La Palma, provincia de Santa Cruz de Tenerife, donde ahora ruge el volcán, los palmeros que viajan desde Los Llanos de Aridane, un suponer, a la capital de la isla, suelen decir: “Voy a La Palma”, en vez de “voy a Santa Cruz de La Palma”, que es como realmente se denomina la capital. ¿Cómo no se va a equivocar el cronista godo con lo del volcán, situándolo en Las Palmas o en Palma de Mallorca? Y si se enterara el ágrafo y confuso plumilla peninsular de que en Gran Canaria podemos encontrar Siete Palmas, Tres Palmas y Palmitos Park, ya es que ni te cuento. Se le petan la cabeza, el tronco y las extremidades. El peninsular que viene a Tenerife por primera vez y se aloja en el Puerto de la Cruz, coge el coche para ir a Santa Cruz y dice: “Me voy a dar una vuelta por Tenerife”. Ya te la estás dando, sorullo, porque andas por la isla y tú lo que pretendes es dártela por su capital. El mago, en su infinita confusión, cuando se traslada al sur de Tenerife va a “esos sures” y cuando enfila pal norte quiere llegar a “ese norte”. Nunca he comprendido la razón del plural para un lado y el singular para otro. Quien puso los nombres a nuestras islas y a sus ciudades se cubrió de mierda. Pobre godo.

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