El charco hondo

Colores

Los datos que han visto la luz con el segundo informe sobre la pobreza severa en nuestro país (el paisaje del abandono, se dice) sitúan a Canarias delante del espejo; nos desnuda y, de paso, dibuja una inaplazable invitación a partidos, organizaciones empresariales o sindicales, colectivos de diferente naturaleza e instituciones para que hilen fino […]

Los datos que han visto la luz con el segundo informe sobre la pobreza severa en nuestro país (el paisaje del abandono, se dice) sitúan a Canarias delante del espejo; nos desnuda y, de paso, dibuja una inaplazable invitación a partidos, organizaciones empresariales o sindicales, colectivos de diferente naturaleza e instituciones para que hilen fino con el relato de una recuperación económica que algunas voces, desafinadas, están guionizando para otorgarse un perfil tan propio de épocas anteriores como impropio para abordar -con responsabilidad, y realismo- la resurrección del día después. El cero turístico donde nos enterró la pandemia ha disparado la pobreza un cuarenta y nueve por ciento, poniéndoselo imposible a más de trescientas mil personas. Según el informe elaborado por la red europea de lucha contra la pobreza y la exclusión, el maldito cero (turístico, así que directa o indirectamente también económico en términos generales) ha arrastrado al pantano de la urgencia social a 132.285 padres, hijos, abuelos o conocidos. El espejo nos cuenta que somos la comunidad autónoma con mayor porcentaje de su población naufragando, a la deriva, escalando con cada vez más dificultades la cordillera del fin de mes. Con este cuadro, no podemos permitirnos olas de conflictividad laboral ni, desde luego, discursos forzadamente verdes o azules, puede que molones pero inoportunos, inapropiados porque ahora la prioridad es resucitar, apostar sin necesidad de sobreactuar por economías verdes y azules, claro que sí, impulsar actividades económicas que, complementarias al turismo, sean capaces de generar miles de puestos de trabajo, sin dudarlo; ahora bien, pasarse de frenada sacando del baúl de los recuerdos el relato negacionista (entendido, en este caso, como el rechazo a todo o casi todo) puede entorpecer la recuperación económica y eternizar la destrucción masiva de empleo. Verde y azul, sí, pero los colores (así, a secas) no crean puestos de trabajo. Economía verde y azul, entonces sí. Resulta inquietante, si no frustrante, que algunas gargantas públicas argumenten y se posicionen sobre esto o aquello sin detenerse en que la recuperación que debe doblegar la curva de la pobreza no puede verse amenazada por relatos pre-pandémicos. A Canarias le va la vida en volver a crear empleo y empresa, con cabeza, sentido verde y sensibilidad azul, pero situando la recuperación, consolidación y creación de empleo por encima, sin dejarse arrastrar por el discurso de aquellos negacionistas económicos que precedieron a estos negacionistas epidemiológicos.