Tribuna

Gracias, Michelle

Por Juan Francisco Reyes Salgado Permítanme por momentos ser egoísta, haciendo del triunfo de la sirenita el mío. El mío y de miles de personas que desde su nacimiento el destino puso una “dificultad” añadida. El triunfo de Michelle no fue más que el de miles de padres que, tras visitar médicos de distinta índoles […]

Por Juan Francisco Reyes Salgado

Permítanme por momentos ser egoísta, haciendo del triunfo de la sirenita el mío. El mío y de miles de personas que desde su nacimiento el destino puso una “dificultad” añadida.

El triunfo de Michelle no fue más que el de miles de padres que, tras visitar médicos de distinta índoles con sus hijos e hijas, escucharon la dura sentencia del NO PODRÁN… Y pasados los años, pudieron. ¡Vaya si pudieron!

Su triunfo no es más que el de cualquier invidente que nos encontramos en la ciudad, en compañía de un bastón o, en el mejor de los casos, de un perro guía, realizando las mismas cosas que hacen los demás. Sin duda, con mayor esfuerzo, pero las hace, ¡VAYA SI LAS HACE!

La medalla de Michelle es la de aquellos que el simple hecho de vestirse constituye una odisea por sus dificultades motrices, pero se viste, ¡VAYA SI SE VISTE!

Es el triunfo de un niño o niña con síndrome de Down cuyos familiares se niegan a esconderlo, jugando en el parque, en una piscina…con otros niños. Y se divierte… ¡ VAYA SI SE DIVIERTE!

Su triunfo es el de miles de padres que lucharon para que los suyos estudiasen en colegios “normales”, negándose en rotundo con lo ofrecido a sus hijos con dificultad: que estudiasen en colegios especiales. Y se integraron… ¡VAYA SI SE INTEGRARON!

Su triunfo es el de aquellos a los que por su condición física, en mayor o menor grado, se les marginó en el colegio.

La crueldad infantil, a la par que ignorante, puede ser infinita.

Criaturas que por su lentitud de movimientos siempre eran de los últimos en elegir para jugar. Conozco a alguien que se moría por jugar al fútbol sala, pero, claro, era lento. Hasta que un día en sexto de EGB, se dio cuenta de que a nadie le gustaba ser portero. Y él , más listo que la tea, vio allí su oportunidad. Que le metían un gol, no importaba. Nadie quería ser portero…. y jugó… VAYA SI JUGÓ. Hasta la Universidad.

El triunfo de Michelle es el de aquellos que realizamos a diario trabajos de rehabilitación Y AVANZAMOS.

Es el de aquellos que con estoicismo y humor aguantamos preguntas por nuestra condición.

Gracias, Michelle , tu triunfo es el nuestro.