en el camino de la historia

La nación, una comunidad política imaginada

Politólogos, sociólogos y filósofos amantes de la filosofía política, coinciden en que la nación, esa comunidad sostenida, unas veces por el sentimiento, otras por una tibia ideología y, algunas por una simbiosis de ambos, es anterior al Estado. Las naciones antes de constituirse en Estados han peleado en contra de muchos demonios, tanto fuera como dentro, para poder sacudirse ese concepto de nación que las aísla y atosiga, entorpeciendo la llegada final que es, ni mas ni menos, la culminación de una etapa histórica que termina con la consolidación de la nación como Estado,
Al hablar de naciones, es obligado hablar de nacionalismos; van dados de la mano, uno tira del otro y viceversa. Los nacionalismos en su fuero interno, pretenden llegar a refrendar el término de nación. Luchan desde plataformas políticas, aquellos que se denominan nacionalistas, con el afán de clavar, definitivamente, en las cimas de todas las discusiones, la bandera de un nacionalismo claro y siempre consecuente con el fin último, cual es, o debe ser, construir la nación. Ante esto surgen las preguntas en un tema que debe ser claro y transparente, pero que muchas veces los embrollos políticos lo cubren de oscuridad. Si esta meta no tiene la de construir la nación, ¿se puede hablar de nacionalismo y de proyectos encaminados a su realización? Y si llega el día en que el Estado se instaure porque la nación ha cumplido su función, ¿habrá la siguiente fase no para teorizar sobre el federalismo, sino para decidir con fuerza que, precisamente, es ese el final del camino que se inició entonces?.
Y es que se habla tanto, porque estamos en la época de nacionalismos que pudiera saltar la duda que si todo no e s pura retórica o ansias de gobierno y deseo de poder lo que hace que se olvide la nitidez de la cuestión, y se hable de nacionalismo y de naciones sin tener bien claro muchas cosas, y sobre todo, si la gente que contempla los espectáculos tienen asumida en su conciencia y anida en ella el germen.
Los que escriben de todo esto, recordemos a Gellner y Bernet Anderson, coinciden que toda comunidad es imaginada, y para conjurar esta debilidad congénita es necesario un mito fundacional, una historia sagrada que lo haga existir por si mismo. Por todo ello, para que se cree y se constituya la nación, es necesario que, entre otras cosas, haya elementos culturales preexistentes y que la comunidad deba ser vivida como persistente a su función política y a la formación del Estado.
Por lo tanto y ante esta observación podrá surgir la gran pregunta:¿En Canarias hay elementos culturales preexistentes?. Parece que si. Que los hay.¿Y hay una proyección política de la Comunidad si es que se ha suprimido el vinculo político personal ?.¿Las organizaciones que de denominan nacionalistas llegan o pretende llegar al fondo de la cuestión? .O tal vez ¿siguen como al principio pensando en la nación como un ente ausente?.
Puede que sea así,. Que se ha perdido el tiempo en políticas de salón y más pendiente del traperismo y del golpe bajo que de otra cosa, por lo que se ha carecido de un núcleo constructivo y fecundo. Y en estos momentos no hay mas remedio, a la vista de lo que hay, que pensar que la nación es una comunidad política imaginada, y que el nacionalismo, al menos el canario, es un camino lleno de incongruencias y de grandes ausencias conceptuales.
El nacionalismo canario anda perdido y busca, por algunos, el sitio adecuado para desarrollarse y consolidarse pero como se suele decir “el enemigo está en casa”.Y las miradas de unos sobre los otros por encima del hombro ha sido una constante histórica.¿Seremos capaces, aun, de enderezar los entuertos y constituirnos todos en un solo sujeto político, con un único objetivo: la construcción nacional de Canarias?

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