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Una historia de la Transición

En el libro del periodista Luis Herrero dedicado a Carmen Díez de Rivera, la que fue llamada Musa de la Transición (La Esfera de los Libros, 2017), se dice textualmente, sobre la liberación de Antonio María de Oriol y el general Villaescusa por parte del comisario Conesa: “Un agente doble que trabajaba para los servicios […]

En el libro del periodista Luis Herrero dedicado a Carmen Díez de Rivera, la que fue llamada Musa de la Transición (La Esfera de los Libros, 2017), se dice textualmente, sobre la liberación de Antonio María de Oriol y el general Villaescusa por parte del comisario Conesa: “Un agente doble que trabajaba para los servicios argelinos y los españoles, reclutado por el comisario Conesa en 1965, había logrado meter la nariz en el Grapo gracias a la relación que los cabecillas de la banda mantenían con el movimiento independentista canario Mpaiac, financiado por Argel. Durante un tiempo, el líder del Mpaiac, Antonio Cubillo, ayudó al Grapo en todo lo que pudo. El agente doble era el hombre de Cubillo en Madrid. Gracias a él, Conesa conoció la identidad de algunos colaboradores de la banda terrorista. Los detuvo y los interrogó. La brutalidad de sus métodos hizo el resto”. Lo cierto es que, según este relato, los propios agentes de Cubillo hicieron posible la liberación de Oriol y Villaescusa, en los inicios de la Transición, antes de las primeras elecciones democráticas. Paradójicamente, también fue Conesa quien organizó el atentado contra Cubillo en Argel, como recoge la sentencia de la Audiencia Nacional que establece que el ataque contra el líder del Mpaiac se gestó desde dentro del Ministerio del Interior. Cubillo fue indemnizado, gracias a Eligio Hernández, que luchó lo indecible para que se le compensara por las secuelas que le quedaron. Cubillo no invitó ni a un cortado cuando cobró y este fue el vacilón que tuve con él desde que fuimos amigos y contertulios hasta que murió. Pero esta revelación que hace Luis Herrero en su libro jamás me la comentó Antonio, por lo que hoy, al leerla, me ha asombrado no poco. Cubillo no dijo nada, porque era un hombre muy astuto y un personaje peculiar, celoso de su intimidad. Al final de su vida se moderó. Como contertulio fue todo un crack. Y un buen amigo.