tribuna

Conversaciones en Trujillo

¿Qué se dirán hoy Pedro Sánchez y Antonio Costa en la cumbre hispano lusa? Ya es tarde para gritar: “aguanta, Antonio”, como hiciera Pablo Iglesias con Alexis Tsipras, cuando exclamaba: “espera, que ya llegamos”. Desgraciadamente, el griego no pudo esperar y se lo llevaron unas elecciones con un pueblo cansado de soportar una debacle tras otra. Ya solo quedan dos gobiernos en Europa apoyados por la izquierda extrema y populista, y uno de ellos está a punto de naufragar. Como dice Eduardo Sotillos, quizá Sánchez le diga a su colega portugués que la ventaja de tener un rey es que no te convoca elecciones cuando tienes una crisis. Puede ser. Lo que si creo que Costa le dirá es: “Estos no son de fiar, ten cuidado con ellos”.

Nuestro presidente le contestará: ¡Qué me vas a contar! Y la cosa, como siempre, se quedará en nada. Lo que hablen de verdad, ese diálogo que en política se hace inconfesable, nunca lo sabremos. Se saludarán, se darán un abrazo y celebrarán una rueda de prensa sonriendo, para dar la sensación de normalidad. No importa que la inflación haya subido al 5,5%, ni que vayamos a tener menos gas, ni de que aquí a fin de año no veamos el recibo de la luz igualado al de 2018, como prometió el presidente. No importa que el crecimiento se quede tres puntos por debajo de lo anunciado en el proyecto de presupuestos, ni que en otros países se anuncien alarmas de apagón y aquí oyendo llover, ni que Europa nos esté esperando con la escopeta cargada pendiente de la Reforma Laboral que prepara la vicepresidenta de Comisiones Obreras, perdón, del Gobierno, ni que el Tribunal Constitucional eche al suelo los decretos de la alarma, ni que esa ley de Vivienda que anunciamos a bombo y platillo no la van a aplicar la mayoría de las Comunidades Autónomas. No pasa nada. Todo eso son bulos o minucias. Por lo demás la casa está tranquila. Solo ha habido un incendio. No hay novedad, señora baronesa. Sin novedad, no hay novedad. Hoy se reúnen en Trujillo, y al final escucharemos eso de “Lorito real por España y Portugal”. La conversación íntima e indescifrable puede ser esta: “No te preocupes por nosotros Antonio, mañana sacaremos algunas sentencias de la Gürtel y todo arreglado. La prensa hará que lo malo se olvide y ponga sobre la mesa que a nuestra recuperación no hay quien la pare.

Esta oposición corrupta no podrá volver a gobernarnos. ¿O es que nos hemos vuelto todos locos? Ya sé que saldrán algunos presos en el país vasco, pero será el PNV el que los suelte. Son cosas entre ellos. Ya sabes, independentistas, gente disparatada que se estrella una y otra vez contra el mismo muro, y si de paso nos pueden echar una mano, pues bienvenida sea. Tampoco te preocupe lo que digan las encuestas, yo tengo un brujo que lo cambia todo de un día para otro. No tengas miedo, Antonio. Nada va a pasar, a pesar de que me quede solo ante Europa. Quizá ahora que se ha ido la Merkel yo me convierta en la gran esperanza de los países del sur. Entonces, esto que te ha pasado, hasta puede ser que me venga bien. España volverá a ser la nación poderosa que jamás dejó de vencer, aunque estas palabras se las robe al régimen de la oprobiosa. Por ahora, lo mejor es que cada uno arree con su destino. Cada cual por su lado. Tú a Boston y yo a California, y al que Dios se la dé, san Pedro se la bendiga. Bueno, me olvidaba decirte algo: Ahora soy socialdemócrata. Espero que no te siente mal. Todo se puede superar. Si yo te contara”.

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