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La china que cayó del cielo

Una joven china que hacía el amor en un balcón, durante un jinchete, se vio catapultada al vacío. Vino a caer sobre un coche deportivo, despojada de ropa interior, destrozando la capota. Ante la confusión generada, quien primero acudió a auxiliarla fue su propio amante, que no pudo evitar que la foto del accidente se […]

Una joven china que hacía el amor en un balcón, durante un jinchete, se vio catapultada al vacío. Vino a caer sobre un coche deportivo, despojada de ropa interior, destrozando la capota. Ante la confusión generada, quien primero acudió a auxiliarla fue su propio amante, que no pudo evitar que la foto del accidente se haya hecho viral. La china resultó algo magullada en las lumbares, pero fue rescatada con mucha dignidad, maldiciendo la joven su euforia amorosa, que provocó el vuelo y el aterrizaje. Se desconocen más detalles del lance, aunque un espectador con aficiones de reportero tomó una fotografía del costalazo y la subió a las redes, con el natural jolgorio de los usuarios. Alguien tuvo la prudencia de tapar las partes pudendas de la china voladora, para no convertir la toma de tierra -toma de coche, mejor- en un doble espectáculo. Llamó la atención la velocidad con la que el novio se enfundó los gayumbos y bajó las escaleras, para interesarse por la salud de su pareja. Fue él quien la tapó de cintura para abajo con una prenda que acertó a coger del apartamento, porque de cintura para arriba se encargaron de hacerlo entre la propia interesada y la maltrecha capota de techo corredizo del coche de alta gama dañado, que evitó un desenlace fatal. No sé si los novios habrán suscrito una póliza de acto sexual ardiente o si pagará el consorcio de seguros de China, si es que existe. Que yo sepa, es la primera vez que alguien cae desde un balcón -bajo, eso sí- tras un brusco movimiento realizado en plena faena. Muy turbulento tuvo que ser el lance, que al parecer era observado por un grupo de curiosos desde la calle y hasta vieron volar a la entusiasta. Cuento esto para no hablar del volcán de La Palma ni de otras tristezas.