por qué no me callo

Pasar página

Pasar página se revela un objetivo apremiante y conflictivo. Urge entrar en una fase de estabilidad tras las conmociones sanitaria, económica y, en nuestro caso, volcánica. Pero, a su vez, no decaen los síntomas que perpetúan ese estado de crisis. Necesitamos remontar el cero turístico y las previsiones eran óptimas respecto a la temporada de invierno. Cuesta aceptar que cada vez que el horizonte se despeja, nuevos nubarrones frustran las mejores expectativas. Las cadenas hoteleras que acaban de brindar por una recuperación récord del sector en Canarias ya han admitido su predisposición a verlas venir, no se fían del virus y nada hace pensar que esta vez exageren: mercados emisores esenciales de las Islas como Reino Unido y Alemania han vuelto a las andadas, con repuntes significativos de COVID-19 (notablemente más grave en el caso británico, el huésped principal de Tenerife). De manera que salir del túnel turístico es un deseo factible, si no arrecia una cepa aguafiestas (la delta plus todavía no es una variante de preocupación, pero ya alienta la sospecha de una sexta ola) que tire los pronósticos por tierra.

La reconstrucción de La Palma es una propuesta entusiasta de las autoridades, que alimentan la “esperanza” (en boca de Sánchez) de salir pronto de la destrucción y acelerar el día después. Pero nadie se atreve en las actuales condiciones (la reconfiguración del cono y nuevas bocas incrementaban ayer el aporte de lava a las coladas que se dispersan por el suroeste de la isla) a establecer fechas y plazos posvolcánicos. La Palma, y con ella toda Canarias y España, nos levantamos cada mañana consultando el parte de la erupción que se reinventa cada día.

Sin el camino despejado para superar la pandemia (han pasado casi 20 meses y seguimos, aún con inmunidad de rebaño, sintiendo el aliento del virus), difícilmente podemos hacer planes de pasar página y poner rumbo a una estabilización, que calme la mente y el bolsillo del estrés postraumático de un periodo tan largo de insomnio social, psicológico y económico. Se desconoce la capacidad de carga de este parón en la primera gran enfermedad del mundo experimentada hasta ahora. No está descrito el aguante, la resistencia de que es capaz la economía completa. Lo sabremos el día que se detenga el reloj de estas horas críticas.

Entre tanto, llegamos a las puertas de la Navidad y el Fin de Año con la sensación de haber consumido de un solo trago un año que nos prometimos fuera el último de una pesadilla. El libro sigue abierto. Sin haber pasado de la misma página.

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