Superconfidencial

28 de febrerode 1969

Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos estudiando en el colegio mayor Fernando el Santo, en Sevilla, dos o tres alumnos de medicina. Yo empecé a estudiar esa carrera, pero la abandoné por falta de vocación. A las 3.45 de la madrugada, una fuerte sacudida rodó los muebles del edificio y durante 30 segundos vivimos […]

Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos estudiando en el colegio mayor Fernando el Santo, en Sevilla, dos o tres alumnos de medicina. Yo empecé a estudiar esa carrera, pero la abandoné por falta de vocación. A las 3.45 de la madrugada, una fuerte sacudida rodó los muebles del edificio y durante 30 segundos vivimos en un sin vivir. Se movía todo. No sabíamos en aquel momento que estábamos sufriendo el mayor terremoto sentido en España en el siglo XX. Llegó a 7,3 en la escala de Richter, que era de nueve. Hablo en pasado porque la escala de Richter, y la de Mercalli, son historia. Ahora los geólogos utilizan otros parámetros para medir los sismos. Estábamos oyendo Radio Vida, que por la noche ponía una música estupenda y vacilando con las llamadas de los camioneros, que le hacían rimas cochinas al locutor. Naturalmente él negó el movimiento sísmico porque a Franco no le gustaban los terremotos. Salimos a escape, en pijama, a ocupar un descampado cercano y el seísmo causó seis heridos leves en la ciudad y cuatro muertos, tres de ellos por infartos. También el aborto de una mujer con seis meses de embarazo, según leo en el ABC de la época. Sufrieron daños la catedral, la torre de la Giralda, la Torre del Oro y el edificio de Correos, más otro inmueble en la Plaza Nueva. El otro día, en La Palma, se registró un terremoto de V en la nueva escala, sin que yo me enterara. Estaba despierto, con los ojos bien abiertos, a las siete de la mañana, en el H10 de Los Cancajos. Había un cojo en el colegio mayor de Sevilla, Diosdado se llamaba, que tenía muy mala leche y su compañero de habitación, cosas de jóvenes, le escondió las muletas para vengarse de las putadas que le había hecho. El cojo estuvo durmiendo semanas en el hall, aterrado.