la columna churchill

Al Cabildo lo cubren de gloria

La organización del espectáculo de Sara Baras, un desastre que solo el gran talento de la bailaora pudo paliar

Vulcan Concerts se ha cubierto de gloria este fin de semana y ha arrastrado consigo al Cabildo, desde luego. Cuando alguien va al Auditorio de Tenerife a ver, por ejemplo, el espectáculo de Sara Baras del pasado sábado, da por hecho que la organización cuenta con la garantía de la Corporación insular, por mucho que al comprar la entradas se descubre que la misma está a cargo de una empresa llamada Vulcan Concerts. Sea como fuere, les vino grande el asunto…

Colas, sillas de pena, descontrol…

Lo cierto es que media hora antes de la prevista para el inicio de la actuación, la cola para entrar daba la vuelta al Auditorio, como igual de verdadero es que media hora después de la prevista para dicho arranque seguía esperando gente. Vaya usted a saber si alguien pensaba que tampoco sería para tanto Sara Baras. Al fin y al cabo, solo tiene la Medalla de Oro de las Bellas Artes, el Premio Nacional de Danza, da giras planetarias con su propia compañía de danza y lo mismo que te crea un espectáculo junto a José Carreras que en otra es Paco de Lucía o Carlos Saura quien se anima a trabajar con la, seguramente, mejor bailaora de flamenco del mundo.

Pues no era un problema de taquilleros, no, porque finalmente el escenario previsto fue la trasera del Auditorio y al aire libre. Aquello se desbordó, claro, y finalmente abrieron las puertas a todo el que pasara por allí.

¿El remate? Las sillas no solo eran de saldo, sino que además supusieron un auténtico suplicio al obstaculizar la visión de los taconeos de la artista. El asunto no pasó a mayores, porque Sara Baras se creció todavía más y se dejó el alma hasta conseguir que sus sufridos espectadores tinerfeños salieran de allí maravillados con su arte. A pesar de que, al entrar, entre el respetable reinaba la división de opiniones al no ponerse de acuerdo en cuál de los familiares del responsable merecía ser rememorado con motivo de tanto desaguisado…

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