el charco hondo

Motivos personales

Según una tradición que nunca hizo falta poner por escrito, cuando algún responsable público apela a motivos personales para abandonar el cargo -por sorpresa, normalmente- los medios de comunicación, compañeros de partido o adversarios deben aplicar de oficio la cortesía de no exigir al dimitido explicaciones o detalles sobre una decisión que, una vez activada la cláusula de la privacidad, no se reclaman en público. Tácito e imperecedero, el pacto suele aplicarse de forma automática, incurriendo en mala educación o peor gusto aquellos que no respeten el blindaje de una motivación personal que, tirando de estadística, suele referirse a problemas familiares, de salud o ambas cosas. La obligación de la prensa o de los partidos se traduce en permitir una cortina de silencio, dejándolo estar, renunciando a hacer preguntas porque las respuestas, en estos casos, se mueven en el ámbito más familiar o personal. Por su parte, el responsable público debe atender sin fisuras, dobleces o reconstrucciones adulteradas de los hechos al compromiso de solo aludir a motivos personales -luego, a razones estrictamente familiares o circunstancias del ámbito más privado o íntimo- cuando la dimisión obedezca real, incontestable y fehacientemente a motivos personales. Caso contrario, si quien dimite se acoge sin merecerlo a la cláusula de los motivos personales, estaría incurriendo en un uso indebido de la misma, cruzando la línea que separa el uso del abuso. Si el vicepresidente del Cabildo de La Palma, José Adrián Hernández, anuncia su dimisión por motivos personales -como así ha sido- lo inmediato es meter las preguntas en el cajón. Y, si efectivamente fue la razón, solo cabe desearles lo mejor, a él y a los suyos. Sin embargo, la dimisión del vicepresidente -socialista, por lo demás- huele a motivos tan alejados del ámbito personal como cercanos a episodios estrictamente políticos, al desencuentro de José Adrián Hernández con los suyos de partido y pacto; quizá, tal vez, a la intención del vicepresidente de apoyar una moción -pero no de censura, ojo- impulsada por Coalición, empatías mal encajadas en su formación. Si finalmente la dimisión no obedeció a circunstancias del ámbito más personal, cabría celebrar que él y los suyos estén bien, pero sería reprobable -y grave- que haya escondido o disfrazado las razones de fondo aludiendo de forma tramposa a los motivos personales.

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