El charco hondo

Socialistas de acá (1)

HilándolHilándolo con su crónica sobre las distintas muertes y resurrecciones de Pedro Sánchez -Al fondo a la izquierda, allá por 2017-, Jesús Maraña advirtió en aquel contexto sobre la melancolía, y las torpezas, que tantas veces han provocado la autodestrucción de la izquierda, en general, y del PSOE, en particular; una dinámica, histórica y latente, […]

HilándolHilándolo con su crónica sobre las distintas muertes y resurrecciones de Pedro Sánchez -Al fondo a la izquierda, allá por 2017-, Jesús Maraña advirtió en aquel contexto sobre la melancolía, y las torpezas, que tantas veces han provocado la autodestrucción de la izquierda, en general, y del PSOE, en particular; una dinámica, histórica y latente, que se multiplica cuando se pisan los tiempos líquidos de Zygmunt Bauman. Maraña se preguntaba -en un libro potable, con destellos útiles- si los socialistas otorgarían el estatus de adversario principal a los de Pablo Iglesias o al PP; sin embargo, nada dijo sobre los demonios que los partidos acunan en su estómago orgánico e institucional (el PSOE canario, por ejemplo). Aquí, y ahora, una vez finiquitado su congreso regional, entre otras tareas los socialistas canarios deben decidir qué quieren y con quién lo quieren, y empezar a actuar o maniobrar en consecuencia, tanto en el ámbito local como autonómico (deben aclararse, no sea que el calendario los pille entre dos, tres o cuatro aguas). Y, sobre todo, Ángel Víctor Torres, en su doble condición de secretario general y presidente, tiene hilar fino para que los errores propios (o los propios, a secas) no lo saquen de la carretera que conduce a su reelección. Las apelación a la unidad, en el marco de un congreso tranquilo, confirma que los ríos del PSOE bajan revueltos en tres de las siete Islas, Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Cuando se pide unidad en el transcurso de un fin de semana de sosiego solo cabe concluir que el congreso ha dibujado la calma que precede a las tempestades insulares, pulsos -en esas tres islas- en los que también se juegan lo suyo los hipotéticos aliados del PSOE, particularmente Coalición, porque no es igual que quede bien colado éste o aquel, juana o la hermana. La secretaria de Organización, Nira Fierro, tendrá un aterrizaje exigente. Licenciada en Ciencias Políticas, ser número dos del PSOE con treinta años no deja de ser un caramelo, ya se verá si envenenado o no. Fierro tendrá que endurecerse a la velocidad de la luz, curtirse a marchas forzadas. Conoce bien las entrañas del partid. Sabe, conoce y transpira la empatía con la que se construyen los puentes, pero solo su gestión de los tiempos, las decisiones difíciles o las listas electorales -la sangre de los desplazados, en especial- dirán si Nira Fierro rejuveneció al partido o el partido envejeció a Nira Fierro. Deberá neutralizar, sin prisa, ni pausa, algunas manzanas del partido que se las manejan por pasillos, restaurantes y despachos superando la velocidad permitida y que, lógicamente, se les pueden atragantar al partido y al secretario general.