superconfidencial

Tic-Tac

Anécdota en Amberes. O en Bruselas, no recuerdo muy bien. Fuimos un grupo, a algo de la Europalia, o a lo mejor ocurrió en una distinta ocasión. Lo cierto es que yo viajé a Bruselas y Amberes, entre otros, con Juanito Domínguez del Toro, gran persona, a la sazón concejal de Santa Cruz. Juanito no tenía puta idea de idiomas, así que llegó a su habitación del hotel y, como al día siguiente teníamos que madrugar, intentó activar el despertador que se encontraba incrustado en el cabecero de la cama. Pero ni de coña, aquello no funcionaba y Juan se hacía un lío con las perillas del reloj, accionándolas –con nulo resultado– para adelante y para atrás. Total, que se dio cuenta de que, marcando el 9, se conectaba Recepción en el teléfono. Y marcó el 9. El recepcionista le respondió en inglés y entonces Juan acudió al ingenio para pedir que alguien subiera a enseñarle el funcionamiento del despertador. Y le dijo –es textual– al recepcionista: “Oiga, tic-tac, tic-tac, tic-tac, no ring ring”. Lo más curioso del caso es que al minuto y medio de haber hecho su petición un mozo tocó en la puerta de su habitación para solucionar lo del reloj. Y Juan se quedó muy satisfecho de haber solventado la situación con una especie de idioma universal de los sonidos. Un esperanto muy agudo que se inventó sobre la marcha. Cuando nos contó lo que había pasado nos tronchamos de risa y celebramos el ingenio de este hombre, tan buena persona. Me cuentan que cuando fue concejal de cementerios de la capital tinerfeña pronunció una frase memorable: “Voy a dejar el cementerio tan bonito que va a dar gusto morirse”. No me digan que no es genial. Estas anécdotas no se pueden perder, sobre todo si están protagonizadas por personas tan inteligentes y entrañables.

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