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Volcán y televisión

Si en un par de días de volcán y televisión yo acabé agotado, cómo estarán los voluntarios de La Palma, que llevan dos meses a pie de obra. Gente admirable. Lo de La Palma empieza ahora, pero que llevemos dos años de titulares diarios en los medios sobre el coronavirus y el volcán no lo resiste nadie. O cambiamos de mentalidad o nos vamos pal carajo. El periodismo moderno, que es una mierda, es el periodismo de la reiteración y eso no sirve. No, porque al lector se le quitan las ganas de leer, de escuchar y de ver. Lo deberían tener en cuenta los responsables de la información en periódicos, radios y televisiones. El volcán está más apagado ya que las maracas de Machín; de día no impresiona y de noche lo exagera la televisión, cuyas imágenes nunca son reales del todo. Los palmeros, en su sufrimiento, necesitan noticias optimistas para sobrevivir. Yo no sentí terremotos, ni se me metió la ceniza en los ojos, ni respiré mal. La calidad del aire era excelente y la situación es muy distinta a cuando todo comenzó. La verdadera noticia está en que los gaznápiros que vienen de Madrid a entregar llaves de casas (a cinco por ministro) no se olviden de La Palma. Porque la reconstrucción va a tardar años y los afectados por el terremoto de Lorca de 2011 no han cobrado aún sus indemnizaciones, diez años después. Que el guapito cumpla con La Palma y que no se enroque en La Moncloa después de gastar los álabes de las turbinas del Falcon con tanto viaje a La Palma. Que aquí nos conocemos todos. El guapito debe, por una vez, cumplir lo que promete. Mientras, en La Palma hay un problema, pero un problema sicológico grave. De supervivencia y de bienestar de los palmeros. Lo sabe hasta el burro que rebuzna en el refugio de animales de El Paso.

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