Caso Repsol: así comenzó a gestarse el fin de la Presidencia de Paulino Rivero

Tras su divorcio político, Soria impulsó desde Madrid unas prospecciones petrolíferas junto a Canarias que cimentaron el posterior relevo del sauzalero por Fernando Clavijo al frente de Coalición Canaria
Tras el fiasco de las Torres de Vilaflor, Coalición Canaria logró recuperar el pulso de la calle con las manifestaciones contra las prospecciones de Repsol. Efe

El aleteo de la mariposa fue la mala relación que mantuvieron Paulino Rivero (CC) y José Manuel Soria (PP) durante los tres años (2007-2010) en que lideraron el Gobierno de Canarias como presidente y presidente, respectivamente. La crispación entre ambos creció tanto que Soria aprovechó el año preelectoral para soltar amarras e intentar de nuevo (como hizo en tiempos de Román Rodríguez y el caso Tindaya) desalojar de una vez a los coalicioneros del Ejecutivo autonómico. Pero las urnas dictaron sentencia y Rivero pactó con el PSOE de José Miguel Pérez un Gobierno que resultó ser el primero de la Autonomía isleña que terminó unido una legislatura (2011-2015).

Sin embargo, la bola de nieve ya había empezado a bajar por la ladera. Soria, que había planificado con esmero su salto a la política estatal, logró tal objetivo y, entre sus primeros actos en las Islas como nuevo ministro de Industria, Energía y Turismo, anunció en Tenerife su intención de “reactivar” un Real Decreto de 2001 que había paralizado el Tribunal Supremo y que daba base legal a las prospecciones petrolíferas que pretendía realizar Repsol entre las aguas que dividen Lanzarote y Fuerteventura con Marruecos.

La noticia es un terremoto para el Archipiélago, y particularmente dentro de Coalición Canaria, donde Rivero había logrado sumar, siendo un candidato tinerfeño, el apoyo incondicional de los líderes de las islas orientales, para lo cual trabajó con denuedo durante los años en que CC se terminó de conformar como partido político en 2005, doce años después de que una miríada de formaciones isleñas se agruparan bajo esas siglas para liderar la Autonomía, gracias a una moción de censura.

Si creen en las casualidades, aquí tienen una que quizás les haga dudar. En su primera reunión tras el anuncio de Soria (febrero de 2012), la Comisión Permanente de Coalición se pronunció en contra de las prospecciones. Era lunes, y solo un día después, el entonces alcalde de La Laguna y delfín de la diputada Ana Oramas, Fernando Clavijo, discrepaba en Las mañanas del Mencey de ese rechazo frontal para poner cinco condiciones a la aceptación de las mismas: “Que se garantice la seguridad ambiental de las prospecciones y las futuras extracciones; que se garantice la generación de empleo directo para Canarias; que se garantice por ley la imposición fiscal a las empresas extractoras con destino a Canarias; que se produzca un consenso institucional entre las instituciones del Estado y las canarias, particularmente con los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, y que se obtenga el respaldo ciudadano.

Sin duda, un brindis al sol, dado que CC controlaba esos cabildos y nunca aceptarían nada similar, pero por primera vez, Clavijo se mostraba como una alternativa a Rivero. Además, unos días después recibía el inesperado apoyo del entonces presidente insular tinerfeño, Ricardo Melchior, cuyos votos finalmente resultaron imprescindibles para que el lagunero se impusiera al sauzalero en el congreso celebrado por Coalición tres años más tarde (septiembre de 2015), algo de lo que después se arrepentiría públicamente.

Impagable fue la respuesta del que era secretario general del partido, el majorero José Miguel Barragán, cuando fue preguntado por las palabras de Melchior a favor de la propuesta de Clavijo sobre las prospecciones: “Melchior fue uno de los cargos públicos de CC que participó en Fuerteventura detrás de la pancarta de la gran manifestación en contra de las prospecciones petrolíferas [celebrada en el ínterin], pero las contradicciones de otros no las voy a resolver yo”, aseveró.

Esas ‘contradicciones’ no eran ajenas al malestar que el cambio de socio impuesto por Paulino Rivero en 2011 al trocar la tradicional alianza de CC con el PP en favor del PSOE provocó (y seguiría provocando hoy) en la rama tinerfeña del partido, mucho más afín a los conservadores que sus compañeros de la provincia oriental, especialmente en plazas como Fuerteventura, y que tanto peso tuvo en el desplome institucional de Coalición en 2019, cuando el lagunero condenó al partido a terminar en la oposición tras atar su destino con el de los populares, tanto en las Islas como a nivel estatal.

Es más, desde que fue presidente regional, Clavijo demostró ser tan reacio al inicial pacto de Gobierno con el PSOE (entonces liderado por Patricia Hernández) que acabó expulsando a los socialistas antes de cubrirse la mitad de la legislatura (2015-2019).

En cuanto a las prospecciones, lo cierto es que tanto Clavijo como Melchior cedieron pronto ante las indiscutibles órdenes dictadas por la dirección de su partido, que además, gracias a ese rechazo, logró conectar -por última vez- con el sentir abrumadoramente mayoritario de la ciudadanía canaria, particularmente sensible con los asuntos medioambientales. Fue aquel todo un éxito para CC, que había comprobado en sus propias carnes cómo había perdido el favor de las calles en 2002 con el tema de las torres de Vilaflor, proyecto al que se vio forzado a renunciar tras la presión popular.

Sin embargo, no resultó tan sencillo frenar los planes de Repsol, que empleó no pocos medios para imponer sus tesis. Y, para lograrlo, que Paulino Rivero no siguiera como presidente de Canarias era uno de sus objetivos. Así también se desprende de las grabaciones realizadas por la Guardia Civil en el llamado caso Púnica, donde se escucha que, como parte de una estrategia para favorecer los intereses de Repsol y mejorar su pésima imagen en las Islas, Alejandro De Pedro -experto en reputación en las redes sociales y presunto conseguidor de dicha trama- y su socio, José Antonio Alonso -exalcalde de Cartagena-, querían influir en el congreso de CC para que resultara elegido candidato a la Presidencia del Gobierno regional Fernando Clavijo. ¿La razón? Si Clavijo ganaba en el congreso de los nacionalistas, estaría “más cerca de hacer un pacto con el PP” y eso “le vendría bien a Repsol”, se oye en dos conversaciones fechadas en julio de 2015, y en las que se detalla que la multinacional “en Canarias se han gastado un millón de euros en publicidad”.

En realidad, llegaban tarde. Ya en enero de ese mismo año, Repsol renegó del proyecto, aunque no terminó de convencer a los airados canarios sobre ese respecto hasta que en el siguiente agosto se reafirmó en su adiós.

Lejos quedaba allá el 16 de marzo de 2012 cuando, tras recibir el ‘OK’ del Gobierno de España, Repsol aseguraba que en Canarias podía realizarse “el mayor descubrimiento de hidrocarburos de la historia de España”, pero, durante esos tres años y bajo el control de Paulino Rivero, tanto CC como el Ejecutivo regional pusieron toda la carne en el asador (desde el Parlamento isleño hasta las Naciones Unidas) para que se escuchara al pueblo que repetía en las reiteradas manifestaciones de repulsa “Canarias, una sola voz contra las prospecciones”.

Los tiempos cambian una barbaridad, decían en La Verbena de la Paloma, y hoy Clavijo clama desde el Senado contra el “silencio cómplice” de los Gobiernos de Madrid y Canarias ante el anuncio de prospecciones por parte de Marruecos, mientras su sucesor, el socialista Ángel Víctor Torres, anuncia un rechazo frontal.

“Lo de Canarias fue tercermundista”

Cierto es que ya había interés en 2002 por la existencia de petróleo y gas en las aguas canarias, pero cuando el Gobierno de España dio luz verde en 2012 a las mismas, desde Repsol se habló del “mayor descubrimiento de hidrocarburos de la historia de España”. Durante casi tres años, la pugna fue total entre Madrid y Canarias, pero se impuso el pueblo y el presidente de la multinacional, Antonio Brufau, tuvo que mascullar su derrota con indisimulada rabia: “Lo de Canarias ha sido tercermundista”.

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