después del paréntesis

Comisiones

La gloria de don Mariano Rajoy se escuda en lo indiscutible: es tonto. Esta persona habita el mundo como el resto de los mortales, con un añadido ilustre: fue secretario general de un partido político que se llama PP. Pero, dadas las circunstancias, no confirma lo que se confirma: que ahí nada se mueve sin el consentimiento del elegido. Es decir, para darse crédito no solo aprobó a los candidatos para las elecciones de cualquier clase, sino que los impuso. Se trata de una organización que arrastra los credos del postfranquismo: quien manda, manda; la democracia interna es un espejismo. Mas hete aquí que el que tiene que firmar todas las facturas que llegan a la sede y los cheques que salen de ella no se enteró de que la reforma de la Calle Génova 13 en Madrid se pagó con dinero fraudulento. Increíble, se dirá, y es cierto; inaudito. La justicia de España así responde. Ningún inculpado por borrar los ordenadores con pruebas incriminatorias; no se demuestra la intencionalidad. O lo que es lo mismo, lo que sería una evidencia irrefutable para cualquier sistema judicial consecuente (en EE.UU., Francia, Alemania…) aquí no se verifica. Y siguen. De manera que la actuación del magno, noble referente de la virtud y la integridad, en la comisión Kitchen del Congreso fue soberbia. A diferencia de lo que deparó su allegada Cospedal, él sí habría de responder. Para exponer lo insuperable, cosa por la que la justicia de este país (insisto) no lo imputa: él nada tenía que ver y, por más, ni ha conocido ni se ha tropezado en su vida con el tal Villarejo. Lo que está detrás de esta fanfarria es una de las cuestiones más graves que una democracia pueda soportar, y aquí lo soportó con la administración incólume de entonces. Unos dirigentes que gobiernan (Rajoy el primero) organizan una gran acción echando mano de la policía y de recursos del Estado para robarle a un condenado con información (Bárcenas) los datos precisos que incriminarían a dirigentes del partido en cuestión. Repito que solo esta condición daría en una justicia acreditada para freír a los susodichos sin remisión, el más preclaro de ellos (Rajoy) en su más absoluta responsabilidad. Lo hecho no es solo una salvajada es una de las operaciones más réprobas y repugnantes que en cualquier país civilizado no se dejaría pasar. E inmaculado. De lo cual se deduce responder a una pregunta meritoria: ¿don Mariano Rajoy es imbécil, cual se refirió, o no es un demócrata? Hay premio para la respuesta.

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