tribuna

Mi despedida como presidente de la Real Sociedad Cosmológica

*Por Carlos Lugo Hernández, expresidente de la Real Sociedad Cosmológica de Santa Cruz de La Palma

Cuando en el año 2013 tuve conocimiento del lamentable estado en que se encontraba nuestra querida Real Sociedad Cosmológica, a punto, incluso, de cerrar su puertas y entregar sus llaves al Ayuntamiento, y de la que nadie se quería hacer cargo, recibí una llamada de Mari Carmen (técnico del Fondo Antiguo de la Cosmológica y entrañable amiga) en la que manifestaba su preocupación al respecto y me invitaba a hacer algo para remediar esta situación.

Inmediatamente me vinieron a la mente eminentes personajes que forjaron a partir del año 1881 la creación de nuestra Sociedad, don Alonso Pérez Díaz y sucesivos hasta ya incluso mi abuelo Eduardo Lugo González y en especial mi padre, Carlos Lugo Sosvilla (q.e.p.d), y al que le tenía y le sigo teniendo especial admiración, viendo cómo hablaba de su Cosmológica y de la importancia que tenía en el devenir de la cultura palmera, y que se echarían las manos a la cabeza allí donde estén, si se hubiese dejado caer nuestra Sociedad.

Y no me lo pensé dos veces, acepté el reto. Busqué un formidable y admirable equipo de colaboradores y nos presentamos a las elecciones, donde evidentemente resultamos elegidos. Mi proyecto de trabajo se plasmaba en el establecimiento de tres actuaciones, esto es: 1-. A corto plazo, el saneamiento total de la contabilidad de la Cosmológica y esto ahí está demostrado. 2-. A medio plazo, la ubicación de los fondos de nuestra valiosa hemeroteca, que estaban amontonados en un local que nos había prestado el Cabildo, y conseguido está: instalada en un amplio local de más de mil metros en la calle Abenguareme de nuestra capital. 3-. A lago plazo, adquirir el inmueble colindante con nuestra sede social, para unir a la misma y establecer en un único sitio, todos nuestros fondos, tanto de la Cosmológica como de la kemeroteca, y hasta ahí no he podido llegar.

Ocho años son muchos años, pero yo quisiera seguir y que se modificaran los estatutos para que ello fuera posible, pero todo en la vida tiene un final y, en este caso, no previsible. En estos últimos años he sufrido ocho operaciones (rodillas, caderas, peritonitis, hernias) que me han dejado un lastre psíquico de crisis de ansiedad de las que afortunadamente estoy saliendo, pero que mermaban mis fuerzas. Esto se terminó de agravar cuando empecé a encontrar falta de apoyo en lo que estaba haciendo, y, por último, algún que otro encontronazo con algún directivo y personal de la Cosmológica.

En ese momento me dije hasta aquí, primero mi salud, luego mi familia, que me necesita ahora más que nunca (mi mujer, mis hijos [biológico y no biológicos] y, por supuesto, mi querido nieto [aunque no biológico] y mi yerno Matteo). Por último, algo que desde que explotó nuestro dichoso volcán me estaba latiendo en mis interiores, esto es intentar como “abogado de trincheras que se remangan las camisas conscientes de la complejidad de los procedimientos que se les avecinan”, como se nos llamó en la edición de DIARIO DE AVISOS el 15 de octubre, página 18, y en la medida de lo posible ayudar a toda esa pobre gente que lo ha perdido todo, me presté a colaborar con RTVC en dar consejos a los mismos y a día de hoy ya empiezan a llamarme. Otro frente, otra lucha, pero con la satisfacción de dejar atrás un trabajo bien hecho. Eso sí, gracias a las impagables ayudas de toda la Junta Directiva y personal de la Cosmológica en esa titánica lucha.

Solo me queda dar gracias a todos, personas físicas y jurídicas, públicas y privadas, políticos de todos los colores, regionales, insulares y locales, y, por supuesto, a mis entrañables directivos y personal de la Cosmológica y, que si algo he hecho mal, o que les ha molestado, pedirles mis mayores disculpas, pero que sepan que lo que he hecho ha sido según mi leal saber y entender, y que como todo ser humano puedo equivocarme.

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