el charco hondo

Yolandismo

será que, como le pasó a Marilia Andrés, con algunos discursos ya no me baila un gusano en la tripa, que la rutina ha sido más fuerte. Será, como cantaba Marta Botía, se han ido la ilusión y las ganas de escuchar eslóganes que, excesivamente elaborados, pasan de largo, no calan, ni cuelan. O será, quién sabe, que lo que escucho es lo mismísimo disfrazado de diferente. Será que la edad nos recubre con un tejido impenetrable, poco dado a los fuegos artificiales o al ilusionismo, y que, ya impermeables a liderazgos forzados y expectativas de cartón, cuando intentan meternos con calzador lo de siempre empaquetado de otra cosa, pues, en fin, que no sentimos nada, no nos dice nada, nada, nada de nada. El mal disimulado interés que a algunos les ha entrado, a la izquierda, y a la derecha del socialismo reinante, por convertir a Yolanda Díaz en la canción del verano, conjugándola en futuro pluscuamperfecto, peca de exceso, satura, empalaga. Agotado el pablismo, sus herederos queridos y malqueridos intentan cubrir el hueco que deja el finado, precipitando la elevación de la ministra a altares prefabricados, espejismo alimentado por quienes sueñan con que el yolandismo evite la caída en barrena de Podemos, pero no habrá Yolanda Díaz capaz de ahorrarle a patrocinados o patrocinadores quedar reducidos a la mínima expresión, a la dimensión parlamentaria de la Izquierda Unida anterior a esto. Yolanda Díaz a todas horas. Yolanda Díaz en distintos registros o contextos. Y lo del Papa. Cualquier declaración de Yolanda Díaz recogida con pasiones bíblicas. Sus propuestas o discrepancias atendidas con fervores evangélicos. Yolanda, eternamente Yolanda. Pero, no. No parece que estén logrando que bailen gusanos en la tripa. No evitan que la rutina siga siendo más fuerte. Al revés, el yolandismo desprende el aroma que empapan las habitaciones vacías, más de lo mismo, poco, nada. Cuando lleguen las urnas, dejando atrás la campaña de imagen que le han cocinado, la aritmética pondrá las cosas en su sitio, y los padrinos de Díaz desmontarán el yolandismo con la indiferencia con la que se desguazan las ferias ambulantes; y, como suele ocurrir, quienes la han apadrinado para debilitar a Sánchez por el flanco izquierdo (promotores no confesos de la derecha, especialmente) la dejarán sin focos, sin alfombras rojas, sin magia, sin piedad. La redifusión del sí se puede quedará en poco. A ojos de los padres o hijos del 15-M la ministra se queda corta, demasiado pija o eclesiástica, y para los socialistas habituales se pasa de frenada, demasiado morada, y atea. Demasiado ruido para tan pocas nueces. Será que, como les pasó a Marta y Marilia, cuando la legislatura acabe Yolanda Díaz también bailará sola.

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