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Agustina, alcaldesa de Vilaflor: “La obra del Hermano Pedro es comparable a la de Teresa de Calcuta”

Vilaflor y Granadilla anuncian diversos actos en 2022 para celebrar el XX aniversario de la canonización del religioso chasnero, primer santo canario. “Es uno de los padres de la patria de mi país”, asegura un experto guatemalteco

El reloj marcaba las 16.42 minutos en Canarias del 30 de julio de 2002 cuando el papa Juan Pablo II pronunciaba la fórmula para canonizar al primer santo canario en el hipódromo Ciudad de Guatemala ante una multitud de 750.000 personas: “Después de haber reflexionado largamente, invocado muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos del episcopado, declaramos y definimos Santo al beato Hermano Pedro de San José de Bethencourt y lo inscribimos en el catálogo de los santos”.

En ese instante comenzaron a repicar las campanas de la iglesia de Vilaflor de Chasna, el pueblo donde nació el religioso en 1626 y, de inmediato, la celebración se extendió por todas las parroquias de la isla de Tenerife. En su homilía, Juan Pablo II destacó la “profunda oración del Hermano Pedro tanto en su tierra natal, Tenerife, como en todas las etapas posteriores de su vida”.

La ceremonia, de dos horas y media, concelebrada por más de 700 sacerdotes procedentes del Archipiélago y de todos los países centroamericanos, contó con una destacada delegación canaria formada por 400 personas encabezadas por el entonces presidente del Gobierno, Román Rodríguez; el titular del Cabildo, Ricardo Melchior, y el obispo de Tenerife, Felipe Fernández.

En el acto tomó la comunión el joven Adalberto González, de 22 años, cuya curación, en julio de 1985, sirvió como documento del “milagro” necesario para la canonización. ‘Bertito’ superó un cáncer intestinal cuando tenía 5 años por el efecto atribuido a unos rezados realizados con una reliquia del religioso chasnero.

La canonización del Hermano Pedro paralizó Guatemala, país en el que desarrolló gran parte de su labor tras llegar a Antigua en 1651. Allí se entregó en cuerpo y alma a impulsar la asistencia social a los más necesitados y completó la labor humanitaria de los Hermanos de San Juan de Dios. Además, fundó la Orden Bethlemita, dedicada a la atención de los pobres que enfermaban.

Miguel Torres, miembro numerario de la Academia e Geografía e Historia de Guatemala y uno de los grandes expertos en la vida y obra del santo tinerfeño, explicó a este periódico la admiración que siente su país por el religioso tinerfeño. “Es uno de los padres de la patria de mi país, porque cuando llegó no había instituciones de educación ni de sanidad públicas, y él se preocupó de crearlas para que la población indígena fuera atendida”, manifestó Torres, que destacó el papel “clave” que jugó para impulsar una educación igualitaria: “No solo permitió el acceso a la enseñanza de los niños pobres, sino que introdujo el concepto de educación de ambos sexos”.

Su tumba se encuentra en el santuario de San Francisco el Grande, en la Antigua Guatemala, junto a un ejemplar de esquisúchil, un árbol muy apreciado que utilizaban los mayas y los olmecas para ofrendas especiales. A su panteón acuden católicos de todo Centroamérica –es el primer santo de la región– a rezarle y llevarle flores.

La alcaldesa de Vilaflor de Chasna, Agustina Beltrán, destacó su capacidad de adelantarse a los tiempos que le tocó vivir. “Emigró a América y allí trabajó por todos los valores en los que creía, creando una escuela mixta para enseñar a los niños y niñas indígenas, y un hospital para convalecientes. Su calidad humana, su caridad, su solidaridad son admirables y su obra es comparable a la madre Teresa de Calcuta, pero hace 300 años”, dijo. La regidora considera que el religioso representa “todos los valores humanos de los que estamos tan necesitados hoy en día”.

El alcalde de Granadilla de Abona, municipio en el que se conserva la Cueva del Hermano Pedro donde el religioso llevaba su rebaño en invierno y utilizaba como lugar de oración, recuerda que hasta este punto de la costa del municipio “se acercan cientos de personas cada día para hablar con él y pedir su intercesión”. José Domingo Regalado se refiere a su figura como “un miembro más de nuestra familia” y destaca que “solo hay que mirar los centenares de objetos que depositan en la cueva los fieles para comprender su eficacia y el amor y veneración que le profesan en todo el Archipiélago”.

Tanto el Ayuntamiento de Granadilla de Abona, que en las pasadas Navidades felicitó a sus vecinos con una imagen del santo canario, como el de Vilaflor, celebrarán con diferentes actos el vigésimo aniversario de la canonización.

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