cultura

La arquitectura del paisaje: preservar, recuperar y divulgar un patrimonio único

Federico García Barba pública 'Jardines históricos de la isla de Tenerife', un volumen auspiciado por la Real Academia Canaria de Bellas Artes que muestra la riqueza y la fragilidad de un paisajismo urbano centenario
El arquitecto tinerfeño Federico García Barba. / DA

Si en una visita a Londres uno se animase a acudir a los Kew Gardens (Royal Botanic Gardens), un paraje de 120 hectáreas situado al suroeste de la capital británica, quizás también decida adentrarse en la Marianne North Gallery, el pabellón dedicado a mostrar la obra de la pintora y naturalista inglesa (1830-1890) integrante de la nómina de viajeros victorianos que recorrieron el mundo en su afán de conocimiento.

No sería extraño entonces que el visitante -imaginemos que es canario- se sorprendiese al comprobar que entre las más de 800 obras que allí se exhiben de la artista e investigadora, en cuyo círculo de amistades figuraba nada menos que Charles Darwin, se hallan numerosos trabajos sobre las especies vegetales presentes en el Archipiélago. North estuvo en Tenerife en 1875, donde permaneció varios meses, y se alojó en la mansión de Sitio Litre (Little’s Place), en el Puerto de la Cruz, el jardín más antiguo de la Isla.

“Cosas como esta, que reflejan el gran interés botánico que posee Canarias, no se conocen, o no lo suficiente, entre la sociedad insular”, afirma el arquitecto tinerfeño Federico García Barba.

Alameda de Branciforte, en Santa Cruz de Tenerife (autor anónimo, 1920). / DA

Ese ha sido uno de los motivos, el de la divulgación, que le ha llevado a publicar, bajo el auspicio de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel (Racba), en su serie Cuadernos de Arquitectura Canaria, el libro Jardines históricos de la isla de Tenerife, según explica en una conversación con DIARIO DE AVISOS.

Se trata de una obra en la que, al tiempo que se muestra este patrimonio vegetal, se recoge la no menos valiosa arquitectura paisajística creada en la Isla a lo largo del tiempo. Unos espacios urbanos vinculados al valor estético de la naturaleza, configurados durante generaciones desde una visión racionalista o en cambio con una más natural, cuya situación en estos momentos no invita, precisamente, al optimismo.

El origen de Jardines históricos de la isla de Tenerife se sitúa en una iniciativa de la Racba que se reflejó en sendos seminarios celebrados en 2017 y 2018 en Gran Canaria y Tenerife. En el primer caso, el foro estuvo dedicado a los jardines de Canarias, y en el segundo se centró en los antiguos o históricos. A partir de ahí, García Barba se trazó el objetivo de dar a conocer “una parte importante del patrimonio paisajístico” de Tenerife ofreciendo una visión de conjunto.

Camino Largo o Paseo de la Universidad, en La Laguna (autor anónimo). / DA

El libro reúne datos y planos de jardines tinerfeños, con imágenes y fotografías antiguas, textos explicativos, citas y referencias a autores que aluden a ellos en sus obras. El fotógrafo Efraín Pintos, académico de la Racba, al igual que Federico García Barba, aporta una serie de panorámicas sobre parajes que se citan en el volumen.

En sus páginas también hay una introducción histórica sobre el desarrollo de la jardinería en la Isla, así como una reflexión en torno al sentido cultural de este arte que a la vez es oficio y una relación de ejemplos de proyectos actuales de intervención en estos espacios dirigidos a su mantenimiento y actualización.

Pero qué duda cabe que al aludir a la necesidad de impulsar la preservación de los jardines históricos tinerfeños es inevitable formular una denuncia sobre las malas prácticas y, también, la ausencia de estas. “Hay muchos casos de jardines en muy mal estado y de otros que directamente están abandonados”, subraya García Barba.

“En Santa Cruz, por ejemplo, tenemos la Alameda de Branciforte [de 1787, ha recibido diversos nombres: del Duque de Santa Elena, del 14 de Abril, de la Marina, Los Paragüitas…], junto a la Plaza de España, un espacio emblemático, muy valorado por todos los que nos visitaban, que hoy se encuentra absolutamente irreconocible”, subraya el arquitecto tinerfeño.

Jardines del Marquesado de la Quinta Roja, o Jardines Victoria, en La Orotava. / Federico García Barba

“En el Puerto de la Cruz -agrega García Barba- están los jardines de El Robado [posteriormente la casona de finales del siglo XIX y los jardines que la rodean recibieron el nombre de San Fernando], que fueron proyectados por uno de los paisajistas más insignes del primer tercio del siglo XX, el francés Jean-Claude Nicolas Forestier, y sin embargo en la actualidad se hallan abandonados”.

Otro espacio que menciona el autor del libro, en este caso completamente desvirtuado, son los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja, o Jardines Victoria, en el municipio de La Orotava, “en los que se realizó una intervención que puede calificarse de auténtica burrada, destruyendo así un espacio importantísimo, sobre todo desde el punto de vista del simbolismo masónico que poseía”.

Federico García Barba pone de relieve el “maltrato” que ha sufrido, en general, el espacio público en Tenerife. Y justo en esto fundamenta su reivindicación acerca de la necesidad de propiciar una mayor sensibilidad por parte de las instituciones y la ciudadanía a partir del conocimiento y la divulgación de ese patrimonio. El objetivo es, en suma, favorecer la preservación de los jardines históricos y revertir, “en la medida que se pueda”, el daño causado.

Hijuela del Botánico, en La Orotava. / Federico García Barba

“Canarias es un crisol cultural, pero también botánico”, apostilla, “y esa es precisamente una seña de identidad que asombra a quienes nos visitan, pero se ha fallado en explicarlo bien”. “Tenemos una flora autóctona que es muy importante, las palmeras canarias son embajadoras de las Islas en todo el mundo, pero además hay otra flora interesantísima, que ha venido de África, de Asia, de Sudamérica…, y está representada en las calles, en los jardines, en los espacios públicos. Una variedad de especies que asombra a cualquier europeo, que en su país solo puede contemplarlas en un invernadero”.

Un inmejorable ejemplo de ello, menciona el arquitecto, es el Jardín de Aclimatación de La Orotava, o Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, municipio en el que se ubica, impulsado por Alonso de Nava Grimón, marqués de Villanueva del Prado, a instancias de Carlos III en 1788, e inaugurado en 1792. “Contamos con un lugar que es una maravilla, a disposición de todos, visitado por cientos de miles de personas cada año”, recalca García Barba.

Por último, una reflexión que formula el autor de Jardines históricos de la isla de Tenerife es la ausencia de equipos que, desde diversas áreas, trabajen “a largo plazo” en la creación de nuevos jardines y el mantenimiento de los que ya existen. De manera que el éxito de cualquier iniciativa en este ámbito es hoy el fruto de la buena voluntad y el conocimiento de los profesionales, y no tanto de la planificación.

“Normalmente -apostilla-, aquí los jardines los hacemos aficionados. Es una labor en la que intervienen tanto arquitectos como botánicos como ingenieros agrónomos, pero se echa en falta que esa tarea conjunta se desarrolle con continuidad. A menudo se olvida que un jardín es el resultado del esfuerzo de muchas personas durante mucho tiempo”.

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