Después del paréntesis

La Voluntad (y 2)

La Voluntad no es un signo perjudicial; bien al contrario: la Voluntad revela y asienta el premio manifiesto de la identidad y de la cabalidad. Por el “no” el sujeto de instancia se diluye, se pierde. A eso jugó el divino Borges. El ser anónimo de Hombre de la esquina rosada lo explica. Borges se […]

La Voluntad no es un signo perjudicial; bien al contrario: la Voluntad revela y asienta el premio manifiesto de la identidad y de la cabalidad. Por el “no” el sujeto de instancia se diluye, se pierde. A eso jugó el divino Borges. El ser anónimo de Hombre de la esquina rosada lo explica. Borges se mueve hasta la frontera de Buenos Aires para confirmar lo que ocurrió. El “compadrito” cuenta para que Borges escriba. El gaucho Francisco Real accedió a Villa Santa Rita para medirse en pelea con el insigne Rosendo Juárez. Este renuncia. El canon pelea-fiesta, valentía, coraje… se derrumba. La Voluntad ha de instaurar. El hombre que por allí se movía imitando hasta los pasos del Pegador enfrenta la vida a la muerte. Vence. Francisco Real cae por la punta del cuchillo clavado en el corazón. Mas quien cuenta no es un mero testigo de hechos. Decir “sí” lo confirmó. El actor proclama su autobiografía, él ajustó las reglas. Biografía de una noche, solo una noche, Voluntad.

Borges calificó de biográfico a su cuento El Sur. Un individuo precisa ajustar su juicio. En diciembre del año 1938 un accidente le produjo la septicemia y está a punto de morir. Ahí la Voluntad se exhibe. En la taberna camino de su casa en el Sur, dos jóvenes gauchos retan a Dahlmann/Borges. Él se oculta tras las páginas del libro que lo acompaña. Hasta que el tabernero pronuncia su nombre, lo identifica y no puede dar pasos atrás. Su sí es categórico: toma el cuchillo que el viejo gaucho le presta y el incauto hombre de ciudad sale a la llanura para pelear a muerte por el ser.

¿Qué aducirán los palmeros por la Voluntad? Una explosión de la naturaleza salió a su encuentro. Esa señal es lo que los re-enunciará, proclamar el fragor que la colada implantó. La lava instituyó el verdadero museo que los palmeros han de exhibir, desde la cumbre del volcán hasta las fajanas de la playa. Ese prodigio han de mostrar, ese espacio ha de convertirse en uno de los reclamos (más que turístico) de las Canarias, de España y del mundo entero. Ahí la percusión del fuego, la maravilla impuesta por la Voluntad. Pisar el magma e internarse para analizar los tubos volcánicos cumple con el rigor. Igual que los sentidos del crecimiento de la isla y su relación con el mar, en la superficie y en la profundidad.

Lo que la Voluntad depara en La Palma no es solo un espectáculo visual eximio sino el tenor de la respuesta de los palmeros (por lo que la Voluntad ajustó), su constatación.