despuÉs del paréntesis

La voluntad

El gran filósofo alemán Arthur Schopenhauer lo hizo constar, eso que elevó a la categoría de voluntad: los terremotos o las erupciones volcánicas. La voluntad es lo que está fuera de la vida y de las condiciones de las personas, lo que afecta directamente a los nacidos pero que no atiende a sus disposiciones ni a sus garantías. Los terremotos y las erupciones volcánicas explican semejante factor. Luego, ¿qué asigna la voluntad? La reacción y el modo de reaccionar de los mortales ante lo inevitable. Según el pensador, la voluntad siempre te encuentra y cada uno ha de responder a ese encuentro.

Una zona precisa de La Palma se tropezó, hace más de tres meses, frente por frente con la voluntad. En Cumbre Vieja el volcán se manifestó de una manera implacable. Lo que esa actividad manifiesta es uno de los episodios más extraordinarios de la creación. Los expertos se aprestan a acercarse a él dadas las posibilidades de estudio que contiene, y la fascinación congrega a muchísimas personas en su torno. Ante el fenómeno, la dicha voluntad sentencia. Porque una cosa es que el volcán de Timanfaya haya expulsado lava durante seis años consecutivos y deje ver la maravilla que deja ver y otra es que una lengua del Teide arrase al rico pueblo de Garachico. Todoque, Las Manchas… hacen memoria de la destrucción. Y lo que esa destrucción impone. No solo las dos fajanas en el mar por las que una de las islas más jóvenes del Archipiélago crece; el panorama desde la cumbre a la costa ha sufrido una perturbación radical. ¿Qué se registra? Por mor de la Voluntad, el desplazamiento. Las casas que fueron no se repetirán. Queda la reconstrucción del hábitat pero en otro lugar, acaso cerca del originario pero a sus espaldas. Ahí la instancia suprema de la diferencia, paredes no antes vistas y flores distintas. La adusta prosapia de lo que queda es lo que la voluntad impuso. Siempre la desolación asusta y ante la desolación todas las instancias de gobierno (Cabildo, Región, Estado) han de estar dispuestas. Pero esa imagen, para algunos perturbadora y para otros beatífica, es la que subsiste: el rigor manifiesto de la naturaleza, la cordura matemática del diseño universal, de la voluntad. ¿Los palmeros lo aceptan? En esa zona de La Palma, la razón planetaria cumplió con el rigor. Los seres que percibieron y sufrieron la explosión y la amenaza no lo olvidarán por el resto de sus días: el ruido pertinente del volcán clavado en sus oídos.

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