el charco hondo

Surfistas

Algunos cargos públicos u orgánicos del PP canario tienen en común con los surfistas esa paciencia con la que, sentados sobre la tabla o las encuestas, unos y otros esperan pacientemente la llegada de la siguiente ola. Mientras los surfistas imaginan qué tipo de ola encontrarán en el mar, cómo les gustaría surfearla, con qué movimientos, a qué altura o velocidad, la historia del PP regional ha estado históricamente marcada por esa actitud de espera, convencidos de que están a merced de las olas, favorables o no, de la política española. Las generalizaciones tampoco son justas en el caso del PP. Un buen puñado de cargos (y militantes) han intentado sacudirse la dictadura de las olas; sin embargo, la resignación, ese hábito de limitarse a esperar la llegada de su ola, ha lastrado al partido que a partir de ahora presidirá Manolo Domínguez. Convencidos de que ser del PP en Canarias los condena a subir o bajar con las mareas, muchos se han conformado con ponerse cómodos en su zona de confort, perfil bajo, asomando lo imprescindible, poniéndole más paciencia que pasión, a la espera de que la próxima ola les permita subir como la espuma en las corporaciones locales o en la Cámara regional. A pesar de obtener resultados tan excelentes como intermitentes en las elecciones generales, en el ámbito local cargan con el complejo (desmentido, pero cierto) de verse a la sombra y sentirse muleta de Coalición, plan B, amor de verano, ni contigo ni sin ti, unas veces votan CC, otras me votan a mí; y en esto que, aquí, en las Islas, también les asoma la amenaza -al PP, y a Coalición- de que Vox se les cuele por el patio trasero. No lo tiene fácil el PP de las Islas. Ni difícil, depende. Sin duda de la economía, que infla o diluye las expectativas electorales (donde sumen con Coalición, esa será la ecuación). Y, además, dependerá de la personalidad que el recién presidente dé al partido en las Islas. Lejos de negar la evidencia o avergonzarse de su condición de partido estatal y vertical, deberían esforzarse en hacer valer su criterio u opinión cuando toque. A Manolo Domínguez le gusta ganar, ir a por todas, jugar fuerte, mejor oro que plata, campeón que subcampeón. Si logra que los suyos dejen de comportarse como surfistas esperando a que les llegue la ola (y si los de Madrid le hacen caso) puede que el PP canario deje de ver pasar la vida sentado sobre una tabla de surf. Al país, y a Canarias, le hace falta un buen PP, razonable, con sentido de Estado, constructivo, capaz de explicar qué proponen. Cualquier cosa menos limitarse a esperar si llega o no la siguiente ola.

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