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Suspiros de España

España es el único país en el que, en vez de hablarse de fútbol, de su belleza, de su plasticidad, de su dominio sobre el juego del adversario y de su estética en general, se habla de los árbitros. Hay un programa en antena, llamado El Chiringuito (Mega, canal “masculino” de Atresmedia), cuyos contertulios pueden estar las dos horas largas que dura el espacio analizando sobre si fue o no penalti aquel lance del juego y poniendo al árbitro a parir, o elogiándolo. Si se les hace tarde, vuelven con lo mismo al día siguiente. Aquí nos ha gustado siempre juzgar al juzgador pues es bien sabido que España es también país de la diversidad, en el que cada uno de los españoles tiene una opinión distinta. De ahí las guerras civiles, las revueltas cantonales, los reinos de taifas, el retrato que hace de la España negra la novela picaresca y la rivalidad absurda entre ciudades o entre dos mitades de la misma, todo lo cual tiñe de pobre nuestra historia y la hace más inadmisible. En vez de analizar el partido, vamos a por el árbitro, lo haya hecho bien o mal, porque este penalti esté bien o mal pitado. Y lo peor es que esta costumbre propia de salvajes va a más y, entre la publicidad desmedida y la estupidez, el programa no deja de crecer, al menos según sus responsables. Yo he dejado de verlo, porque a mí lo que me gusta de la televisión es la información y cuando uno no la tiene y se pone a dar vueltas como un trompo, sin avanzar un centímetro, pues me aburro. Me temo que yo, a mi edad, no voy a ver la evolución de la tele, que se ha quedado estancada y que lo que hace primordialmente es sumir en el aburrimiento a los televidentes. Y que se ha cargado hasta el fútbol, con lo que aguantaba el fútbol.

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