el charco hondo

El regalo

Algunos por San Valentín regalan veladas, poemas, flores, puestas de sol, escapadas, vino, nada, fines de semana, poco, besos de amor verdadero, almuerzos, mucho, tarjetas de embarque, habitaciones de hotel, nada de nada, fotografías o, yendo más lejos, a Castilla y León, por ejemplo, hay quienes, estrategas electorales del PP global, en un alarde de creatividad y romanticismo regalan noches de gloria, a Vox, y finales de legislatura, al PSOE. El PP ha celebrado el día de los enamorados a lo grande, con generosidad. Espléndidos, al precipitar unas elecciones tan autonómicas como menores (que el PP se empeñó en vestir de primarias) los instigadores de tal movimiento han regalado a Vox oxígeno, expectativa, tendencia, ola, fe, voz, gasolina, atmósfera, ánimo y contexto para encarar el calendario electoral tanto en las autonomías que quieren suprimir como, sobre todo, en las generales. A diferencia de lo que ocurre en España, en otros países se celebra San Valentín con una perspectiva más abierta, y no, como aquí, limitándolo a la pareja -se regala a los amigos y a la gente que se quiere, en general-. De ahí que en el PP, queriendo secretamente al presidente, también se hayan acordado de Pedro Sánchez y le hayan regalado un ascenso notable de Vox, qué mejor pegamento para el jarrón de porcelana que sustenta al Gobierno (agrietado con el episodio de la reforma laboral) que tener a la ultraderecha cabalgando, resucitada, hacia Madrid. El PP ha regalado tiempo a los socialistas. Con el resurgimiento de Vox los socios de Sánchez cerrarán filas, apuntalándolo hasta agotar la legislatura. Ayuso robó a Vox el espacio que Casado le ha devuelto, mal negocio, pésimo. Si los populares querían generar ambiente lo han conseguido, han construido atmósfera, sí, han dado contexto, también, pero a la ultraderecha. Qué cara de vicepresidente se le está poniendo a Juan García Gallardo -dijo Abascal, exultante-. Qué cara de vicepresidente se me está poniendo -pensó, en realidad, el líder de Vox-. Menudo regalo le ha hecho el PP por San Valentín. A él y a Sánchez, ahora que puede el presidente volver a agitar el regreso de la ultraderecha para movilizar a propios y colindantes. Los enamorados hacen cosas extrañas, ilógicas. Algunos regalan bombones, entradas para el cine, velas o, si eres estratega del PP, a Abascal le regalas el oxígeno que Ayuso hizo suyo y a Sánchez el pegamento que necesitaba para agotar la legislatura.

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