guerra en ucrania

Estrés, llantos y solidaridad entre los refugiados: “Ucrania sigue siendo nuestra tierra”

La ucraniana Maryana relata a DIARIO DE AVISOS el periplo que vivió junto a su hijo de dos años para salir del país; ahora hace lo posible para ayudar a sus compatriotas desde el exterior
Grandes cantidades de personas se agolpaban en los pasos fronterizos con Polonia para abandonar el escenario de la guerra; Maryana logró reunirse con su marido el mismo jueves | CEDIDAS

Hay una canción de la intérprete británica Vera Lynn, We’ll meet again (Nos volveremos a encontrar), que adquirió fama a mediados del siglo pasado por ser empleada para despedir a los soldados de Reino Unido cuando se iban al frente para participar en la Segunda Guerra Mundial. En estos días, esa misma frase, tan dolorosa en un contexto bélico, se repite en los pasos fronterizos entre Ucrania y Polonia, donde miles de familias se separan por culpa de un nuevo conflicto. Los hombres tiene prohibido abandonar el país, dado que están llamados a filas. Y las mujeres y niños tienen dos opciones: quedarse, aun a riesgo de sus vidas, o emigrar forzosamente sin saber qué les deparará el futuro.

Maryana, ucraniana que logró abandonar la nación del Este de Europa el jueves, continúa relatando a DIARIO DE AVISOS el tortuoso recorrido que ella y su hijo de dos años emprendieron para darse cita con su marido, que al iniciarse la invasión por parte de Rusia acababa de aterrizar en Londres. Explica que primero, antes de salir de su casa, situada en la ciudad de Leópolis, a 80 kilómetros de la frontera polaca, esperó a que llegaran unos amigos de Kiev para darles las llaves del apartamento, que les serviría de refugio durante un tiempo. Según indica, es lo mínimo que podía hacer: “Todo el mundo está haciendo lo que puede. Algunos salen a luchar, otros envían dinero al Ejército… en el fondo nos sentimos muy unidos. Sigue siendo nuestra tierra”.

Cuenta que, al atravesar la puerta del que hasta ahora ha sido su hogar, le vinieron a la cabeza imágenes de la guerra de los Balcanes, con grandes cantidades de personas huyendo despavoridas de las bombas. Apenas unos minutos después de que las tropas rusas pisaran suelo ucraniano, dice que “las colas de coches ya eran kilométricas”. Como consecuencia de ello, en su caso tuvo que “caminar unos 10 kilómetros para llegar, con el niño y el equipaje a cuestas. Por suerte estaba con un amigo, que fue de gran ayuda”.

“Junto a la frontera ya había miles de personas esperando, cansadas y estresadas. La noche empezaba a refrescar, por lo que muchos se acurrucaron o sacaron mantas para cubrirse. Era muy desolador ver a niños de tan solo tres meses de vida llorando sin parar”, prosigue. Una vez allí, asegura que a las autoridades extranjeras les resultó difícil establecer un orden de prioridad, aunque había algo que estaba claro: “Solo las mujeres y los niños podían cruzar”. De ahí que los hombres se despidieran “de sus familias diciendo Nos volveremos a encontrar“. “Fue muy desgarrador”, reconoce.

Finalmente, se decidió dar prioridad a los infantes de menor edad. Es por ello que ella se considera “con suerte”: “Mi hijo tiene dos años, así que pudimos ir mucho más rápido”. De cualquier manera, afirma que “los guardias fronterizos polacos fueron muy serviciales” y, al llegar a la ciudad de Rzeszów, “en general, me sentí muy cómoda, porque el personal de administración del hotel nos ayudó a cuidar a los niños. Nuestro pueblo vecino se está solidarizando mucho con nosotros”. Allí, al fin, se produjo el reencuentro de los tres: padre, madre e hijo.

FAMILIA

Preguntada por si familiares suyos continúan en Ucrania, dice que muchos viven en el extranjero y otros han seguido sus pasos; se encuentran ya a salvo. En cuanto a su marido, es lituano, por lo que tampoco tiene parientes directos sobre el terreno donde se desarrollan los combates. “Pero la mayoría de mis amigos se quedaron allí -admite- y estoy muy preocupada por ellos, al igual que por el resto de compatriotas, los conozca o no”. Ante una situación tan adversa, entiende que todos deben remar en la misma dirección y apoyarse. Ella lo hizo prestando su vivienda; otros, colaborando en los traslados o dando cobijo a quienes no tienen un techo bajo el que estar.

En este sentido, destaca también los ofrecimientos que llegan del exterior. A lo largo de los tres días de guerra asegura que “he recibido cientos de ofertas de amigos en el extranjero que buscan ayudar a los ucranianos. Es muy importante para nosotros, en este momento, saber que el mundo nos apoya y está a nuestro lado”.

TE RECOMENDAMOS