el charco hondo

Mamá, mamá, mamá

Mamá, mamá, mamá, paremos la ciudad sacando las cosas de quicio al puro estilo Delacroix, mamá, mamá, mamá, convirtámoslo todo, galas, bautizos, fútbol, canciones, granjas, tetas, certámenes, moda, dialectos, cine, literatura o lo que sea, todo, absolutamente todo, en la interminable noche electoral que tiene a este país reconvirtiendo cualquier cosa que ocurra al vicio del uso partidista, el parlamentarismo de barra de bar y el frentismo. Agota. Cansa vivir donde se tiñe de política cualquier episodio que se preste al postureo ideológico (hay que alimentar interminables tertulias de política, será eso). Mamá, mamá, mamá, paremos el país porque una canción, pegadiza, fresca, divertida y diferente, ha provocado que algo concebido para divertirse, y echar el rato, acabe oliendo al cansino pulso de las dos españas, derecha e izquierda, rojos y azules. Qué sopor. Qué viejuno sigue siendo un país que, infantil, parece ponerse nervioso cuando alguien dice teta, culo, pito, caca. Algo reivindicativa, lo justito, por más que la ministra de turno confunda himnos con molinos, la canción de la que se habla es básicamente distinta, punto, cualquier dramatización obedece al afán de inocular la sobredosis de política donde nos tienen, y quieren. Cabe preguntarse para qué presumen de votación abierta si el jurado impone su ley, vale, de acuerdo, pero si finalmente no ganan ni las tetas ni las gallegas lejos de traducirse como un triunfo del patriarcado (ay, mamá) hay que concluir que ganó lo de siempre, más de lo mismo, pero sin endilgar a la ganadora el sambenito de mujer florero, acusación que, en boca de quienes han convertido una gala en el juicio final, pone de relieve la fragilidad argumental de algunas voces del matriarcado, capaces de tachar de florero a una artista cuyo único pecado (así considerado por el feminismo mal entendido) consiste en bailar y cantar sin desafinar. Como ha apuntado Roy Galán, lo que no puede ser es que la decepción se dirija, en forma de violencia, hacia otra mujer que ha realizado una actuación tremendamente profesional. ¿Acaso Jennifer López es florero por no cantar en gallego o reivindicar las tetas en un estribillo? Politización. Contradicciones. Dramatización. Trasladar el partidismo a una final musical es de traca. Mamá, mamá, mamá, paremos un país que, inmaduro, parece incapaz de procesar con normalidad que una canción hable de tetas y que, cansinamente politizado, este fin de semana montó otra noche electoral a cuenta de una gala musical, mamá, mamá, mamá.

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