guerra en ucrania

Putin amenaza ahora a Finlandia y a Suecia mientras asedia a Kiev

El presidente ruso insta al Ejército de Ucrania a dar un golpe de Estado al tiempo que se ofrece a negociar. La OTAN acuerda desplegar fuerzas de respuesta rápida
Dos niños saludan a los tanques del Ejército de Ucrania cuando se dirigían ayer a defender la capital, Kiev, del ataque masivo de las tropas rusas. DA

Las tropas rusas invaden, imparables y en tiempo récord, Ucrania, cuya capital, Kiev, apenas resistía anoche más allá de los combates que tenían lugar en sus calles. El futuro de la ciudad se decidió, desde la perspectiva militar, en cuanto los paracaidistas conquistaron el estratégico y cercano aeródromo de Hostomel, más allá de la insalvable diferencia entre tan poderoso Ejército asaltante y los defensores que han sobrevivido a los bombardeos estratégicos.

En apenas 48 horas se han cumplido muchos de los peores augurios provocados por los insistentes avisos de Occidente sobre la inminencia de esta guerra. La OTAN ya anunciado el despliegue de tropas en sus países miembros que tienen frontera con Ucrania, mientras el presidente ruso, Vladímir Putin, no ha dudado en amenazar a Finlandia y Suecia en el caso de que se integren en esta alianza militar, creada el siglo pasado por Estados Unidos para hacer frente al extinto Pacto de Varsovia.

Por supuesto, lo peor es el precio de las víctimas, una población civil que escapa con lo puesto y como puede de la guerra en un éxodo que Europa ya cifra entre tres y cuatro millones de personas.

Sobre los combates, la aplastante eficacia de este ataque relámpago ruso que tanto recuerda a las conquistas nazis de la II Guerra Mundial es un alarido de inquietud para el resto de los países europeos, que -salvo el caso de Francia, también potencia nuclear-, correrían la misma suerte de Ucrania si tuvieran que defenderse solos. Hasta 280.000 soldados ha desplegado Rusia, casi el doble del ejército ucraniano (unos 145.000 soldados) para tomar plazas como Donetsk, Odessa, Kharkov o Jerson, y apenas son combates callejeros lo que falta para hacerse con Kiev, cuya única posibilidad es un milagro negociador a cambio de renunciar a su ingreso en la OTAN, sea presente o futuro.

Al cierre de esta decisión, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, comunicaba a sus compatriotas que era “la noche definitiva”, que se jugaba su futuro la capital. Durante todo el día de ayer, los medios públicos leales a su gobierno instruyeron a la ciudadanía en el uso de armas o preparar cócteles molotov. A su vez, Putin ha pedido a los militares ucranianos que depongan a Zelenski y así allanar el camino de la negociación.

Desde Occidente, una de cal y otra de miedo. La mala noticia es que los miembros de la UE siguen sin lograr mostrarse como una sola voz al no llegar a un acuerdo para castigar esta flagrante violación del Derecho Internacional con el máximo nivel previsto.

Aún peor que esta -por ahora- decepcionante reacción de la UE es la escalada militar que implica el despliegue de las Fuerzas de Respuesta Rápida de la OTAN “para aumentar la defensa de los aliados”, aseguró su secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Por “tierra, mar y aire pueden responder” estas fuerzas a “cualquier contingencia”, añadió. Aunque no ha especificado el número de militares que se movilizarán (máximo 40.000), habló de “miles de unidades de las Fuerzas de Respuesta Rápida, tanto estadounidenses como europeas”. Nada apunta por ahora a la incorporación de tropas españolas.

Desde Oriente también se movió ficha. Fue la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, quien avisó a Finlandia y a Suecia de que su adhesión a la OTAN comportaría “graves repercusiones político militares” que exigirían “una respuesta” rusa.

Así lo hizo saber Zajarova después de que ambos países nórdicos manifestaran su apoyo al Gobierno ucraniano contra la invasión rusa… y fueran invitados a participar en la cumbre extraordinaria de la OTAN en calidad de observadores, ya que ahora mismo no forman de la Alianza Atlántica.

Resta añadir que, después de una jornada tan negativa como la descrita, es cuestión de horas que Bruselas termine por adoptar su particular ‘opción nuclear’: expulsar a Rusia del sistema de pagos SWIFT.

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