el charco hondo

Entropía

Basta rescatar lo que se enseñaba durante la enseñanza general básica -o puede que algo después- para comprender que el punto de ebullición de cualquier formación con perfil político depende de la masa molecular de la sustancia o partido, así como del tipo de fuerzas intermoleculares o corrientes de opinión de dicha organización. Atendiendo a ese hilo conductor, la temperatura de una sustancia, cuerpo o proyecto transformador depende de la energía cinética media de las moléculas de sus cargos orgánicos. A temperaturas inferiores al punto de ebullición solo una pequeña fracción de las moléculas tiene liderazgo o energía suficiente para romper la tensión superficial del grupo parlamentario, escapando acto seguido de su disciplina de voto, bien abandonando su escaño, bien quedándoselo (tirando, en este último supuesto, de argumentos y razones de primeros auxilios). Este incremento de energía constituye un intercambio de calor y titulares de prensa que da lugar al aumento de la entropía del mensaje, en clara referencia a la tendencia al desorden e incertidumbre discursiva de las voces que componen los órganos de dirección de los partidos de la vieja, nueva o futura política y, también, de aquellas organizaciones que, como ha pasado con el movimiento que nació, creció, se multiplicó y desfalleció a la sombra de Pablo Iglesias, envejecen prematuramente. Podemos ha alcanzado la temperatura en la que la materia cambia de estado líquido a gaseoso. Cuando la presión del vapor del líquido es igual a la presión del medio que lo rodea se alcanza el punto de ebullición que tiene a los herederos o viudos de Iglesias cual gallina descabezada, tirando de oxígeno residual. Podemos tiene un problema que va más allá de las penúltimas estampidas. La transición de líquidos a gaseosos obedece a que, a estas alturas, quienes en algún momento han votado a quienes capitalizaron el quince de mayo no saben qué piensan, quiénes son, qué proponen, quién dirige, qué hacen o han hecho, quiénes lideran o dónde está aquel movimiento. Cuando una diputada a la fuga carga contra la dirección, ¿de quién o quiénes habla?, ¿a quiénes se refiere? Han dado tantas volteretas estos años que resulta imposible seguirles la pista, identificar o geolocalizar a aquellos que deben darles voz y relato. Con la agria excepción de Vox, los partidos de la nueva política se acercan a la velocidad de la luz a la línea donde desaparición e irrelevancia se funden en un solo cuerpo. Rivera e Iglesias los enterraron en vida con su pretensión de abanderar mil discursos y ninguno, condenaron a Ciudadanos y Podemos a agonizar en tierra de nadie, pasando de líquidos a gaseosos, sentados sobre el punto que precede a la ebullición.

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