el charco hondo

Gana la desgana

Quienes saben de esas cosas cuentan que la apatía te atrapa y no te suelta, apaga la iniciativa, empana, arruga el ánimo, gana la desgana, desinfla. Cuando la apatía se cuela en los huesos el motor se cala, sumergiendo al cuerpo en un cero energético de incierta duración. Cansancio. Afonía emocional. Y, puede ser, algo de resignación. Alguien dijo, Mario Benedetti, quizá, tal vez, que a veces tenía la horrible sensación de que pasaba el tiempo y no hacía nada, y nada acontece, y nada conmueve hasta la raíz. Buceando en algunas de las referencias que asoman por todas partes, la apatía puede describirse como la falta de sentimiento. O no. O sí. Algo así. Será eso. Será esto. O aquello. Será que la pandemia nos ha dejado bastante desfondados, o no. Será que la guerra nos pilla cansados, o sí. Será que la quietud está ganando terreno o que tantos meses capeando confinamientos, desescaladas y restricciones, niveles u otras herramientas de esta libertad condicional, nos han enfriado el carácter, volviéndonos más fáciles, y dóciles. Será, o no, o sí, que ahora aceptamos las cosas como nos llegan, al dictado, por decreto, por entregas, a golpe de boletín oficial. Algo ha pasado. Algo parece que nos ha cambiado disparándonos con silenciador. Fatiga. Conformismo. Y, puede ser, algo de resignación. Y apatía. Será, quizá, tal vez, que los estados de alarma han sembrado este repliegue, esta inactividad. Algo ha pasado, sí. Estos días merecen una reflexión, un análisis. Será, quizá, tal vez, que lo extraordinario ya lo percibimos ordinario, y lo excepcional no nos lo parece tanto. O, quizá, tal vez, tantos meses conviviendo con aforos, horarios y prohibiciones han provocado que la autoridad -la oficialidad- haya acabado minando el espíritu de respuesta. Será eso. O aquello, pero tanta apatía merece un análisis sobre comportamientos colectivos e inercias sociales. Será que dos años después somos veinte años más viejos, o no. Será apatía, o sí. Sea como fuere, esta semana de carnaval sin carnaval (tanta quietud, tanta resignación) anima a pensar que el espíritu se nos ha acatarrado. El bache del novelero bien merece una tesis. Ni un guiño. Ni una gracia. Ni pizca de atrevimiento. Ni falta que hace. Ni atisbo de improvisación porque la iniciativa parece haber pasado a peor vida. Gana la desgana. Marejada, marejada, ha ganado la desgana. También esto pasará. Volveremos al color, y a la calle, pero la apatía de esta semana pide a gritos un análisis, una reflexión con un par de cañas bien frías.

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