el charco hondo

Inexplicaciones

El catálogo que recoge los distintos tipos de explicaciones está pidiendo a gritos que se le incorpore una última modalidad: las inexplicaciones. A las deductivas, probabilísticas, funcionales, teleológicas y genéticas cabe añadir otra tipología que no es otra que la de las explicaciones no dadas o inexplicaciones. Es sabido que la peor explicación es aquella que no se ofrece, de ahí que los manuales de comunicación aconsejen no dejar pasar las horas sin comparecer para explicar aquello que, mereciendo una buena explicación, no ha sido explicado; lo de la carta a Marruecos, por ejemplo. Difícilmente puede sorprender en las filas socialistas la mala acogida que ha tenido el acuerdo -truco o trato- que se ha cerrado o intentado alcanzar con el vecino, un paso percibido mayoritariamente como inexplicable no ya porque no tenga una explicación, sino por la sencilla razón de que no se ha explicado. Despilfarrando energías, comparecencias o comunicados para negar la mayor con el mantra de que la vida sigue igual -argumento de difícil o imposible digestión- los socialistas han perdido demasiados días que bien pudieron aprovechar contando en qué consiste el acuerdo, qué les ha llevado a dar ese paso y cuáles son las razones de fondo que justifican los términos de una carta de esa naturaleza. No lo han hecho. Se han atrincherado en las inexplicaciones, cediendo el terreno a quienes interpretan lo ocurrido en detrimento de aquellos que, en Moncloa o Asuntos Exteriores, han cocinado y protagonizado lo que ha pasado. No ha sido el proceder esperable tratándose de política internacional, no parece la mejor manera de mover ficha con un país especialmente hábil metiendo goles con la mano. Ahora bien, si alguien explicara el fondo -quien la firmó, quién si no- quizá, tal vez, podría ser, entenderíamos algo mejor la forma. Naciones Unidas acumula pronunciamientos perfectamente recuperables para comprender mejor el camino que se ha hecho, declaraciones que merecen una lectura detenida para comprender y conocer, para ponerle fundamento a declaraciones que a veces pecan de epidérmicas. Canarias bien merece estar al tanto de las cosas con Marruecos sin tener que esperar a que lo cuenten los boletines. Hay voces que, fundiendo en un solo cuerpo solidaridad y rentabilidad, preguntan con tanta reiteración como escasa sensibilidad qué obtenemos a cambio, qué ganamos. Hay enfoques menos mercantilistas. Cabría solicitar la información que se necesita para saber qué hay detrás de la carta y, a partir de ahí, dimensionar logros y daños colaterales. Cualquier cosa menos caer en el error de pensar que algo así no necesita explicaciones o creer que pueden tratarnos como menores de edad negándonos la mayor, desmintiéndonos lo obvio.

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