en el camino de la historia

La dimensión política del nacionalismo

Para la mayoría de los nacionalistas, la dimensión política es la más crucial del nacionalismo, más importante aún que la lingüística (recordemos que cuando Francia se hace Estado solo el 12% de la población habla francés). Autodeterminación, independencia, autonomía y transferencias son conceptos que nos sitúan en la órbita del pensamiento nacionalista. Pero en esta encrucijada se introduce de manera sibilina el término “región” incrustado en el inconsciente de muchos que se tildan de nacionalistas, llegándose de esa manera a la esquizofrenia política del nacionalismo, siendo la hechura regionalista de ese nacionalismo que dicen profesar la que sigue considerándose, optando por un cuasi omnímodo gobierno central y unas autonomías que giran como satélites alrededor de ese Estado, con el cual se encuentran comprometidos a circular por el espacio que desde ese centralismo se diseñe.

Esta actitud pseudo nacionalita debiera plantearse en cualquier toma de posicionamiento ideológico o congreso nacionalista que sea favorable al reconocimiento del derecho de autodeterminación que pueda desembocar en un futuro propiciatorio al establecimiento de un estado independiente, lo que podría irse desarrollando en la conciencia y en el marchamo consecuente del nacionalismo del siglo XXI que pudiera pasar entretanto por una etapa de confederalismo, donde se instaure un nuevo convenio relacional entre estados, en nuestro caso Estado español-Canarias.

Indudablemente, el aspecto más llamativo y hasta emocional de la dimensión política del nacionalismo, no cabe duda, es el derecho a la autodeterminación, la que se recoge en el artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales aprobado por la Asamblea General de la ONU en resolución de 16 de diciembre de 1966, que entró en vigor en 1976 y ratificada por el Estado español en abril de 1977, derecho que, a pesar de todo, no lo recoge la constitución española de 1978, pero en el cual se apoyan nacionalistas vascos y catalanes para exigir sus derechos territoriales.

Siempre lo hemos hecho y seguimos haciendo referencia a que la mayoría de los pueblos catalán y vasco tienen como idea fundamental e ineludible este derecho, sin embargo, nosotros, los nacionalistas canarios, da la impresión de que tenemos cierto temor y da repelús hablar claro y tenerlo como predicamento ideológico, y más aun cuando Canarias tiene cuestiones que resolver a partir de la conquista del siglo XV. La dimensión político-ideológica del nacionalismo canario actual, al menos el orgánico y programático, no se encuentra en el sitio que le corresponde; no existe un activismo que predisponga a mejores historias alejándonos de estos lamentos y desidias. Asimismo, nos importunan las decisiones subsidiarias de unos con otros, lo que ocasiona restricciones de la voluntad política también de unos y otros. Nos parasita el devaneo a veces insulso, que no se corresponde con la entidad nacionalista que nos debería estar ocupando. Porque no solo es la gestión que redunde en mejoras sociales, económicas de nuestro territorio, eso está claro que no se puede orillar, pero sí esa gestión, sobre todo, cuando han habido gobiernos nacionalistas no se impregna con el derecho a la autodeterminación de Canarias se queda en el tarro de las esencias deseadas y, si, además, ni siquiera es mencionado, no cabe duda de que estaremos fuera de lo que debe ser un contexto nacionalita, con lo cual nos hemos situado en los linderos sin entrar en el núcleo de la cuestión.

De ahí que se hace imperioso y altamente necesario que los debates que el nacionalismo canario tiene pendientes, o debe tener pendiente desde hace años, se tomen con esos rumbos con las ideas claras, que, en lo que respecta al nacionalismo, no tienen que ser ni nuevas ni caducas, simplemente saber y definir posiciones en su significado y significante, las mismas que han tenido las naciones que hoy conforman la Asamblea de la ONU, que, si en el año 1946 estaba integrado por 51 Estados-Nación, en la actualidad suman ya 200, lo que han propiciado con la solvencia de una dimensión ideológica de su nacionalismo, porque, simplemente, la ideología nacionalista no es ni vieja ni novedosa, ha permanecido impertérrita a lo largo de los tiempos y el nacionalismo canario va siendo hora de que la ponga en práctica y que la desarrolle, porque, si no es así, seguiremos como siempre, perdiéndonos en caminos que no conducen a ninguna parte.

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