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La España rara, rara, rara

Este es un país raro. Ya lo había dicho Papuchi, cuando al difunto doctor Iglesias Puga le preguntaron por su nieto el cantante y su romance con una tenista rusa, o quizá por algún embarazo de Chabelita Iglesias: “Raro, raro, raro”, comentó el simpático doctor, y la frase quedó para la posteridad. Hay frases que, sin querer, hacen fortuna. Como la obviedad de Bujadin Boscov, a la sazón entrenador del Real Madrid, cuando dijo aquello de: “Fútbol es fútbol”. Evidentemente, fútbol no es pádel. En España, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en un sin par Kramer contra Kramer, ha condenado en costas a la Fiscalía General del Estado, por negarse a aportar la documentación solicitada por un fiscal, que la pedía para su defensa “y obligarle a litigar”. ¿Cuántas veces nos hace la Administración litigar, y gastar mucho dinero en abogados y procuradores, tan sólo porque el ambicioso recaudador tiene eso que le dicen presunción de certeza y nos cruje injustamente? En fin, que este país siempre ha sido muy pero que muy raro. Y hasta los sindicatos piden al Gobierno, después de chuparnos ambos la sangre a los contribuyentes, que no baje los impuestos. ¡Los sindicatos! Es decir que los pajaritos van ahora contra las escopetas. Yo apelo al sentido común y abogo porque los sindicalistas que renieguen de la bajada de cargas no puedan, por ley, comer mariscos, como parece ser costumbre de algunos gaznápiros del sector. ¿Siguen creyendo ustedes, desocupados lectores, que este no es un país raro, raro, raro? Fíjense que hasta una frase que el periodista vasco Pedro Mourlane Michelena dirigió, eso sí poniéndole todo el énfasis del mundo, a su colega Jacinto Miquelarena, triunfó para la historia. Mourlane sólo dijo, paseando ambos por Madrid: “¡Qué país, Miquelarena!”. Y tan breve sentencia fue registrada por la posteridad como la mejor síntesis de esta España nuestra. La España rara, rara, rara.

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