tribuna

Las otras guerras de Putin

En tiempo vertiginoso, apenas cuatro semanas, la brutal guerra de agresión de Putin contra Ucrania ha venido a cambiarlo todo. Desde la escala local de nuestra vida cotidiana (las consecuencias inflacionistas de la invasión y el colapso brusco del abastecimiento), hasta la escala global. De modo que no es discutible que esta guerra de Putin, como ya la conocemos -¡sólo él la ha decidido, sólo él puede pararla!- nos haya cambiado el guion e índice de prioridades, la agenda y el state of mind de la UE y sus Estados miembros (EEMM).

Donde quiera que posemos la vista, están considerándose hipótesis y opciones que en otra circunstancia habrían sido descartadas o rechazadas de plano apenas se las enunciase. Esta guerra de Putin ha sido versionada ya como un genuino Zeitwende, abrupto cambio de época. Para empezar, botón de muestra, se habla, -como nunca, sobre todo- del propio personaje central de esta tragedia, Putin. Su biografía, sus orígenes (oficial del KGB en una moribunda URSS), su cosmovisión, sus obsesiones, paranoias, sus nostalgias imperiales de las rusas de los zares (Pedro el Grande, Catalina…), su percepción de una Rusia rodeada de amenazas que deben ser neutralizadas con ataques preventivos…Y proliferan los análisis y los intentos periodísticos acerca de cómo interpretarle, y previamente conocerle.

Leemos mucho estos días, hasta la saturación, sobre su conducción de la estrategia militar: esta guerra de Putin se inicia y se desenvuelve primero en ese plano, el bélico. Pero a estas alturas ya es obvio que no sólo en este espacio se está librando la contienda. Ya hay a la vista, en efecto, otras guerras de Putin.

Arrancando con la guerra de la desinformación y la manipulación. En las ciencias de la Historia, es tópico referirse a la verdad como la primera víctima de la guerra. En su Pleno de marzo en Estrasburgo, el Parlamento Europeo (PE) debatió y aprobó una densa e importante Resolución sobre Desinformación e Interferencias extranjeras en los procesos democráticos y electorales en la UE y sus EEMM, en la que se sintetizaban las lecciones desprendidas de los trabajos, durante un año y medio, de la Comisión Especial de Investigación (Comm INGE) constituida al respecto.

Es revelador que en España sólo haya alcanzado cierta resonancia en los medios el punto en que se refiere a los oscuros manejos con que algunos comisionados del secesionismo en Cataluña buscaron el favor de Putin. Una gestión ésta enmarcada en los ataques a la integridad territorial y estabilidad de los EEMM en los que se ha involucrado el régimen de Putin en Rusia. De ahí que la capacidad de este régimen crecientemente autocrático para perpetrar ciberataques a las infraestructuras críticas -son 23 años ya de Putin acumulando un poder absoluto sobre todo lo que se mueva en Rusia- emerjan como un escenario de guerra paralela en sí misma. Intoxicación digital, targetted hacking, entre otras amenazas híbridas, son efectivamente parte del menú estratégico del déspota y autócrata ruso contra los valores fundantes de las sociedades abiertas (con libre flujo informativo y garantía constitucional de la libertad de expresión) que se integran en la UE-

De modo que ya se deducen algunas lecciones obligadas para la conformación de una tan necesaria como impostergable estrategia europea contra injerencias extranjeras en los procesos democráticos y electorales de la UE y sus EEMM, en especial las perpetradas por plataformas online, reforzando de consuno la ciberseguridad de sus infraestructuras críticas.

La respuesta de la UE debe pasar cuanto antes por un triple plano europeo de actuaciones coordinadas: a)-Legislación europea vinculante para sus EEMM y para los proveedores de servicios digitales que asegure la transparencia de los algoritmos; b)-educación digital europea -alfabetización, masiva. para la autodefensa de la ciudadanía frente a la desinformación y la manipulación (fact checking, detección de bulos, fakenews, deepfakes, mentiras de toda laya y calado); c)-regulación europea de sanciones disuasorias y eficaces sobre los actores responsables de la desinformación y la manipulación.

Pero a este primer frente de la desinformación en Rusia se une el dictatorial dominio que Putin ejerce sobre medios públicos y privados en un país que es al mismo tiempo el más extenso de la Tierra como un espacio poblado por una sociedad envejecida y dispersa en grandes áreas de muy escasa densidad en que el único acceso a la información lo proveen las cadenas estatales. Este férreo dominio de lo que los rusos pueden llegar a conocer y a pensar conforman un segundo escenario en estas otras guerras de Putin.

Pero hay al menos, todavía, un tercer escenario crecientemente relevante, sobre el que se concentra cada vez más atención no sólo por parte de los medios sino de la intelligentsia especializada en Rusia. Es la batalla por la historia, por el relato histórico.

Observando la secuencia de delirios negacionistas de Putin sobre la responsabilidad de zares rusos y tiranos soviéticos (no sólo Stalin, que por descontado es su exponente paroxístico) en las terribles hambrunas, purgas, represiones y masacres con incontable balance de pérdida de vidas humanas infligidas sobre Ucrania y el pueblo ucraniano en su larga y sufrida peripecia (en especial, campesin@s, personas y familias humildes, singularmente vulnerables), y en cómo se han entretejido esa patraña enloquecida con una red espesísima de mentiras mil veces repetidas (Goebbels, en ruso también, sobre un supuesto genocidio de rusohablantes en Donbass cuyo rescate sería el pretextado casus belli), también aquí, en la historia, en la narrativa histórica, se está librando otra, y no menor, de estas guerras de Putin.

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