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Mentiras y más mentiras

¿Se han dado cuenta ustedes, amables y desocupados lectores, que vivimos sobre una gran mentira? Mientras Sánchez hacía el pato en París, los camioneros y sus patronales anunciaban que no tienen prisa en suspender la huelga que nos va a dejar sin comer. Se dice que Marruecos ha instalado una piscifactoría en uno de los islotes de las Chafarinas, que pertenecen a España, por la cara. Aznar desalojó a cuatro marroquíes de la isla Perejil cuando alzaron la bandera de su país, también por la jeta, en la invasión más corta de la historia. Sánchez escribe a Mohamed VI una carta y el rey alauita la hace pública, manda regresar a Madrid a la embajadora que había retirado y autoriza los vuelos de repatriación de inmigrantes ilegales, todo en unas horas. Sánchez, en su afán por meter la pata, viaja a Ceuta y Melilla, en un totum revolutum de relaciones de amor/desamor con Marruecos. La Comisión Europea dice que hay que aceptar los designios de la ONU, con lo que no es verdad que Europa haya pedido a España que se acerque a Marruecos. Tampoco es verdad que ha sido Estados Unidos quien se lo ha pedido, porque el decrépito Biden no ha escogido a Sánchez como líder europeo preferente y no le telefonea en estos días con la crisis de Ucrania. Luego tan amigos no son. El Gobierno dice que va a bajar los impuestos a los trabajadores y a las clases medias, o al menos que no los va a subir, pero también es mentira. Si se muere un obrero y ha testado, el pufo que le toca a su familia será de órdago si el Ejecutivo saca adelante sus propósitos recaudatorios. Pero, coño, ¿qué le pasa a este país? Para colmo, un ministro tonturrio y olvidadizo, Albares, no se acuerda de si Argelia sabía o no sabía lo de la carta de Sánchez a Mohamed. ¿Ustedes entienden algo?

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