conversaciones en los limoneros

Rayco Pérez Cruz: “Te tomas un café en Leópolis y escuchas a una corresponsal enviar su crónica de la guerra”

Veterano de los Balcanes, es directivo de la organización The Dream of Health
Rayco Pérez Cruz
Rayco Pérez Cruz junto a Andrés Chaves

Rayco Pérez Cruz (La Laguna, 1981) acaba de regresar de Polonia y Ucrania, acompañando al doctor José Miguel Gaona, como miembros de la fundación The Dream of Health, y al equipo de grabación del programa La Reunión Secreta. La fundación The Dream of Health tendrá su sede en Canarias y está dando sus primeros pasos. Su primera actuación será surtir de material sanitario al hospital general de Leópolis y al hospital materno-infantil de la misma ciudad. Leópolis es la capital cultural de Ucrania, una población que acaba de ser bombardeada por el ejército ruso. Su centro histórico es Patrimonio Mundial. Rayco Pérez es veterano de la guerra de los Balcanes, donde permaneció seis meses, con solo 20 años, con otros miembros de los grupos operativos del Ejército de Tierra de España, bajo el mando de Naciones Unidas. Es especialista en seguridad, ha trabajado en este campo en España y en Latinoamérica y dirige una empresa de servicios que interviene en la organización de los principales eventos de masas que tienen lugar en España. Ahora Putin también quiere acabar con la riqueza cultural del país invadido y ha bombardeado Leópolis hace dos días, en su afán por cortar una de las pocas vías de escape de la población ucraniana y de aporte de suministros para el ejército de este país. El doctor Gaona y Rayco Pérez Cruz volverán a Ucrania en las próximas semanas para entregar el material sanitario que ha recolectado la fundación al alcalde de Leópolis y que éste lo haga llegar a los citados hospitales de la ciudad, de 700.000 habitantes.


-¿Sentiste miedo?
“Es una guerra muy rara. Te estás tomando un café y escuchas las alarmas y parece que no pasa nada, pero la destrucción y la muerte están junto a ti. Es incomprensible que todo esté ocurriendo en este siglo. Mientras yo me tomaba ese café, en la mesa de al lado una corresponsal de guerra enviaba su crónica de la guerra a su medio de comunicación”.


-Tú estuviste en Bosnia hace veinte años. ¿Esta guerra es diferente?
“Sí, ninguna guerra es igual. Y esta tiene connotaciones trágicas, sobre todo por el éxodo de personas, por la separación de las familias, por la muerte de tantos niños”.


-Pasaste varios días en el campo de refugiados de Przemysl. ¿Qué viste allí?
“Vi el valor de la solidaridad humana, el trabajo de los voluntarios y el comportamiento de personajes como el chef español José Andrés, que merece un premio a los derechos humanos y a la paz por su contribución a ellos. Es un auténtico crack”.


-Cuéntame cómo funciona el pequeño ejército humanitario de este hombre.
“Una de sus colaboradoras contacta con restaurantes polacos de la zona fronteriza y les encarga comida, según los menús que la organización prepara. Les proporciona negocio, encima, porque su fundación se ha volcado con los refugiados ucranianos. Y a ello se añade que en estos restaurantes comen, con precios pactados, centenares de voluntarios, que pagan religiosamente estos servicios. También desde Barcelona, en unos envases especiales, llega comida preparada y el equipo de José Andrés la reparte entre los refugiados. Nadie se queda sin comer, nadie. Este hombre se lo merece todo”.


-¿Qué es lo que más te ha impresionado del centro de refugiados de Przemysl?
“El orden, por un lado. Todo está reglado gracias al trabajo de los voluntarios. Los refugiados llegan y están allí el tiempo imprescindible antes de partir hacia otros destinos de acogida. Si un niño quiere un juguete, lo tiene. Si hace falta un abrigo para alguien, allí está. Si tienen hambre, comen caliente y en condiciones muy dignas. Incluso existe un refugio para los animales, para las mascotas, que reciben también su comida y atención veterinaria, antes de partir a otros países con sus dueños”.


-¿Es fácil la entrada y la salida con Ucrania por esa frontera?
“La salida de Polonia hacia Ucrania, en coche, facilísima. La entrada a Polonia a pie, igual de fácil para los ucranianos que huyen de la guerra. Pero si pretendes entrar a Polonia en automóvil, las colas hasta que lo consigues son de entre cuatro y siete horas. Te desesperas”.


-¿Por qué crees que Putin ha bombardeado Leópolis, que está solo a 70 kilómetros de Polonia?
“Porque es el inicio de un corredor seguro para los ucranianos y porque pretende cortar los suministros de armas de los países de la Unión Europea al ejército ucraniano. Ni más ni menos. Quiere anular un paso que hasta ahora era seguro para todos. A Putin le da igual a cuántos mata y el legado cultural que destruye”.


-¿Es verdad que hay miles de voluntarios extranjeros luchando en Ucrania?
“No sé la cantidad, pero sí sé que existe una Legión Extranjera para derrotar a los rusos, en la que se han integrado muchos voluntarios, centenares de exmilitares de muchos países de todo el mundo”.

–¿Y el papel de la prensa?; ¿y las noticias fake que aparecen en los medios y en las redes?
“Esto es una guerra y, por tanto, también existe la guerra de la propaganda. Los medios serios informan con objetividad, pero es verdad que junto a ellos actúan otros que sólo quieren sacar tajada, recurrir al reportaje amañado y filmar a la gente llorando; hacer la crónica fácil”.


-¿Se ha detectado la actuación de mafias en las fronteras? He oído hablar de trata de mujeres y niños.
“Yo también lo escuché allí, sobre el terreno, y existe miedo a que esto ocurra. La policía polaca y los propios exiliados están atentos, pero el poder de las mafias es muy fuerte y se pueden producir casos no detectados. Parece que algunos miembros de estas mafias han sido detenidos por las autoridades polacas”.


–¿Has visto la actuación de la policía polaca para evitar la delincuencia?
“Están bastante crispados los agentes, quizá por exceso de trabajo. Y no puedo decir que sea gente simpática, pero cumple con su obligación y recela algunas veces de todo”.


-Porque muchos refugiados ni siquiera saben bien dónde están.
“Sobre todo la gente mayor. Y mucho más cuando tienen que cambiar de país y viajar a otros territorios de acogida. Incluso han llegado a Canarias. Se sienten extraños, aturdidos. Y la gente joven puede ser engañada por las mafias que operan en toda Europa y que no tienen escrúpulos con las mujeres ni con los niños”.


-Durante tu estancia en Leópolis, ¿los negocios estaban abiertos? ¿Había vida en la ciudad?
“Absolutamente. Y funcionaba todo perfectamente, hospitales incluidos, desde luego agobiados por su falta de material. De ahí que decidiéramos enviar un contenedor con las donaciones que hemos recibido, que son muy importantes”.


-¿Cómo llegará ese material hasta allí?
“Viajará en un barco platanero hasta Alicante. Y desde Alicante a Polonia en varios vehículos, incluyendo ambulancias que se dirigen a Ucrania como ayuda de organizaciones españolas. Hemos suscrito acuerdos con otras ONG, pero la entrega será finalista. Es decir, una vez que lo reunamos todo en Przemysl lo introduciremos por la frontera y lo entregaremos al alcalde de Leópolis, cuyos colaboradores ya han sido advertidos de la próxima llegada de esta ayuda de The Dream of Health”.


-¿Vale algo la vida en Ucrania?
“Mira, yo he estado en lugares de México, incluso en el DF, en donde la vida no vale nada. Aquí es distinto. En el aspecto civil, la vida sí es viable, si se toman ciertas precauciones. En el terreno militar, estamos en una guerra. ¿Y cuánto vale la vida de un soldado? Mientras siga la agresión habrá riesgo, pero la resistencia de los ucranianos no tiene límites. Docenas de tanques rusos han sido destruidos y miles de soldados han muerto, en ambos bandos. Pero de pronto aparecen esas fotos del satélite israelí que te muestra a los bombarderos nucleares rusos estacionados en una base cerca de Ucrania. ¿Qué quiere hacer Putin con eso? ¿Desatar una guerra nuclear?”.


-Biden parece que juega fuerte.
“Sí, ha llamado a Putin criminal de guerra y le ha advertido que no toque a Polonia y le ha invitado a dimitir. Quizá sea bueno no provocarle porque este hombre ha enloquecido”.


-¿Intenta Rusia vaciar Ucrania?
“Puede ser, pero mi pronóstico es que no lo va a conseguir. De acuerdo, han huido más de dos millones y medio de personas, quizá tres: mujeres, niños y hombres mayores. Pero todos los ucranianos menores de 60 años están armados, entrenados y dispuestos a defender a su país”.


-¿De qué se compone el envío de The Dream of Health?
“De todo, desde compresas y pañales a elementos para desinfectar quirófanos, material quirúrgico, también otro desechable. Tenemos preparados 18 palets, a punto de ser embarcados hacia Alicante y, desde ahí, directos a Polonia para ser introducidos en Ucrania”.


-¿Temes que se interrumpa ese corredor utilizado hasta ahora?
“Entra dentro de lo posible, ojalá que no. Entonces buscaremos otras rutas, pero el material llegará a su destino”.


-Habrás visto escenas increíbles en ese centro de refugiados.

“Te cuento una. La empresa que fabrica los Kinder, los Kinder Bueno, montó un puesto para los niños. Los pobres llegaban y cogían un chocolate. ¡Uno! Los voluntarios les ofrecían más y a lo sumo recogían otro más. Eran conscientes de que detrás de ellos venían más niños y podían quedarse sin suministros. Así están concienciados de la necesidad de ayudarse unos a otros. Es, de verdad, enternecedor”.


–¿Qué te ocurrió en Leópolis con el coche que conducías?
“Estábamos en Leópolis el doctor Gaona, que como sabes es un prestigioso siquiatra forense español que preside The Dream of Health, y yo. Aparcamos el coche y apagamos el motor. El vehículo, un Kia nuevecito, lo habíamos alquilado en Varsovia, pero no nos preguntaron si íbamos a viajar con él a Ucrania y nosotros tampoco dijimos nada en la casa de alquiler. Cuando intentamos arrancarlo para volver a Polonia, era imposible. Lo habían desconectado desde la central, vía satélite. Todo se arregló con una llamada a Varsovia contando lo que nos había pasado. En diez minutos nos activaron la posibilidad de arrancarlo. Luego lo devolvimos en Varsovia, después de quedarnos encerrados veinte minutos en un ascensor por una avería eléctrica. Como ves, todo muy emocionante”.


-Los niños son también los grandes héroes de esta guerra. ¿No crees?
“Los niños y sus madres. Yo vi a un pequeño de siete u ocho años cruzar la frontera, a una temperatura de menos 16 grados centígrados, chocar la mano de todo el mundo, aduaneros, policías, voluntarios, y entrar en Polonia como un triunfador”.


-¿Qué recomendarías a las personas que quieren ayudar?
“Pues que lo hagan a través de las organizaciones que se dedican a estos menesteres. Que no vayan por su cuenta. Y en cuanto a las donaciones de ropa, hay suficiente. Si quieren donar ropa que la compren en Polonia y así ayudan a los polacos, que están haciendo un esfuerzo importante por Ucrania y por su gente”.


-¿Se ha planteado la fundación a la que perteneces otro tipo de ayuda?
“No, nuestra ayuda exclusiva será en el terreno sanitario, aportando material médico en este envío y en los siguientes”.


-Que es, precisamente, lo que más escasea en los hospitales de Ucrania.

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