después del paréntesis

Usyk

Se llama Oleksandr Oleksandrovych Usyk. Nació en Simferopol, ciudad perteneciente a la entonces Unión Soviética, porque formaba parte de la Crimea que ahora ha sido arrebatada por los rusos a Ucrania. Fue un chico como todos los demás al que le apasionaba el fútbol. Pero no perdió el tiempo y se graduó en Cultura Física en la Universidad Estatal. Corrido el tiempo y Usyk se encontró con el boxeo y a ese deporte se dedica. Con una carrera amateur meteórica, fue medalla de plata en lo juegos olímpicos de Pekín en 2008 y oro en los Juegos Olímpicos de Londres. De ahí el paso a lo profesional, en el año 2013, con 26 años. Y con lo profesional una dedicación apabullante: Es campeón mundial en dos divisiones, ostenta los títulos unificados de peso pesado de la WBA, IBF, WBO y la IBO desde setiembre de 2021, cuando derrotó al gran boxeador británico (dos veces campeón de mundo) Anthony Joshua. Fue el primer triunfador de peso crucero en poseer los cuatro títulos mundiales. Con la victoria antes dicha, Usyk se convirtió en uno de los tres únicos boxeadores en haber unificado los títulos mundiales de peso crucero y convertirse en campeón mundial de peso pesado. Es, además, el segundo boxeador, después del norteamericano Evander Holyfield, en unificar títulos. Hoy es considerado como uno de los más grandes boxeadores de la historia. En el año 2016 hizo referencia a lo que ocurrió en su territorio de origen. Respondió que su posición patriótica es inalterable; afirmó que puede regresar a Crimea cuando lo crea oportuno. Y eso por una convicción: los rusos y los ucranianos “somos lo mismo, somos eslavos”. Hoy Oleksandr Oleksandrovych Usyk vive en Kiev. Ha confesado hace unos días su condición de pacifista, de que le parecería una aberración matar a otro hombre. Pero hoy Oleksandr Usyk se encuentra apostado ante la ventana de su piso frente a la calle noche y día con un fusil cargado pegado a su cuerpo. Dijo que a él le pueden hacer daño; no permitirá que toquen a su mujer Kateryna y a sus tres hijos. Si eso ocurriera disparará matar hasta que a él lo maten. Esa es la terrible condición de una guerra pavorosa, una guerra que acuna en la desesperación a un gran deportista, a un sujeto consecuente, a un ser inofensivo. Usyk espera. Puede salir de su país para seguir con las peleas en el ring. Pero allí está. No sabe si ante lo inevitable o ante lo acreditado. Tiene a quien defender y no se hecha para atrás, el rifle en su consigna. Eso son los seres humanos de buen crédito.

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