el charco hondo

Adiós

En marzo de 2020 la vida paró en seco, los días quedaron suspendidos en el aire, prohibidas las calles, borradas las agendas, aplazada la libertad, cumpleaños y abrazos, congelados derechos que creíamos tan básicos como intocables, petrificadas las sonrisas, las bromas, los viajes o las aficiones, desterrada la normalidad, encarceladas las rutinas, confinada la vida, requisadas certidumbres y celebraciones, embargados los hábitos y el aire libre, clausurado el mar, y el monte. Jamás habíamos vivido algo parecido. Una situación tan inédita como inimaginable e irreal detuvo el tiempo, cortó la respiración, incorporó a las conversaciones significados y significantes que nos eran ajenos, instauró horarios extraños, vació la realidad, nos invadió, y paralizó, instauró toques de queda que olían a películas o novelas de ficción, borró los mapas, nos ató a terrazas y ventanas, nos puso del revés. Metidos en casa, con el reloj detenido y el calendario desdibujado, los estados de alarma prolongaron durante meses una pesadilla que fuimos digiriendo a golpe de estadística, partes de guerra, cansancio, crónicas dulcificadas, dudas, aplausos terapéuticos, impaciencia, hospitales desbordados, miedo, funerales sin familiares y tartas sin velas. Algo después, allá por mayo de 2020, el confinamiento fue quedando atrás e iniciamos la descompresión, un largo camino, lento, desesperante a veces, hacia la superficie, un viaje a la normalidad que una pandemia que tardamos en tomarnos en serio nos había troceado. Hemos pasado los últimos años en libertad condicional, atrapados en un pantano de aforos, limites horarios, test, restricciones, niveles, fases, positivos, olas, cifras, cuarentenas, repuntes, variantes y protocolos, contándonos cuando quedábamos para almorzar o cenar, sin música que incitara a cantar o bailar, conviviendo con horas prohibidas, atrincherados en una nube mascarillas, geles y autorizaciones intermitentes. Así hemos pasado estos últimos años. Ayer el presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amós García, dijo que lo que esté por llegar no será una ola sino algo similar a un pico estacional epidémico de gripe. Está al caer que las mascarillas dejen de ser obligatorias en interiores, será en cualquier momento. Vuelven las fiestas multitudinarias. Celebramos con normalidad. Hemos dejado de contarnos, dijimos adiós a las restricciones. Hace meses escribí que la pandemia terminaría el día que dejáramos de hablar de la pandemia. Ya llegó. Ha dejado de asomar o colarse en las conversaciones. El virus seguirá por los alrededores, pero la pandemia ha terminado. Sorprendentemente, con lo que ha costado dejarla atrás ahora que acabado parece que se nos ha olvidado despedirla. A mí no. Adiós.

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