después del paréntesis

Bucha

Cuentan que la propaganda bélica ha de interpretarse según de donde venga, que no es cabal del todo lo que dicen sobre la guerra de Ucrania los líderes de Occidente y que tampoco Rusia miente en su integridad. Esa sería la lógica si esta infausta guerra fuera lógica y eso probaría lo que ha ocurrido: el ardite convencional. Por ejemplo, las patrañas fatídicas de EE.UU. se vinieron abajo cuando un medio de la otra cara (Al Jazeera) estuvo allí. Ahora, la democratización de la información hace diferentes las cosas; aquella periodista ucraniana afincada en Kiev que se decidió a salir a la calle y con su móvil encendido recorrer y retener para dejar ver lo que ocurrió en Bucha: decenas de muertos indiscriminados tirados por las calles. El análisis sentencia: genocidio, personas con los brazos amarrados a la espalda y un disparo a la cabeza. ¿Un crimen contra los inocuos? ¿Unos cobardes soldados rusos actuaron por las vergüenzas de sus pérdidas o acción directa contra los valientes ciudadanos que se opusieron a la anexión? Pongamos que la guerra es así de cruel y que el ejército invasor actuó como actuó contra los dichos valientes y que ese fue el precio que pagaron por su patria. Dos soluciones para esa desgracia: el arrojo satisfecho de los unos y la brutalidad de los otros. ¿Dónde el límite? En razón, nadie debe condenar a la inocencia y todos los seres machacados en las calles de Bucha eran inocentes, inocentes en vela por la sentencia ilícita de quienes los acosaron. Por eso corrobora la sospecha las declaraciones del nuevo Satalin-Putin: un montaje de imágenes de Estados Unidos para perjudicar a Rusia ante el mundo, como si sus acciones no fueran suficientes. Pues, ya digo, los impostores siempre han obrado de ese modo, en Afganistán, en Siria, en Líbano… Ahora no; los seres libres y responsables pueden revocar la farsa. No como ocurre en Rusia que por informar objetivamente te pueden enviar unos cuantos años a la cárcel, como están en la cárcel o muertos los enemigos políticos del tirano. Esa es la diferencia, la diferencia que el tal Satalin-Putin quiere destrozar: la democracia de Ucrania y de Europa frente al estado que él prefigura. Es decir, los tribunales internacionales de justicia han de actuar y arbitrar. Eso es el susodicho, eso son los oficiales dilectos de su ejército; eso es lo que reconocemos. Y eso han logrado que se distinga, tras la pavorosa sentencia, los cuerpos inanimados que poblaron las calles y los sótanos de Bucha.

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