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Para que conste

He notificado a mi médico de cabecera del Servicio Canario de la Salud, para que conste, mi caso de covid, y que figure en mi historial médico. Libre ya del bicho desde hace días, no sufro dolores musculares apreciables ni tampoco me quedan restos de tos, o sea que he superado la enfermedad con nota, aunque les diré a ustedes que supone un coñazo, sobre todo por el dolor de garganta y el catarro. Teóricamente tengo gran cantidad de anticuerpos en mi organismo, aunque esto del covid me da a mí que es una lotería, en personas de mi edad. Dicen los ingleses que hablar de las enfermedades propias es de muy mala educación, así que tendré que acostumbrarme a hablar de las enfermedades ajenas, que siempre son un alivio para el que no las sufre. Aunque, si les digo la verdad, como decía el gran médico palmero don Juan Vidal Torres, cuando le invitaban a algún acto: “Yo no voy; yo lo que quiero es que no me duela la pierna”. Y así rechazaba todas las invitaciones habidas y por haber. Uno echa de menos la salud cuando está enfermo; se da cuenta de que estar sano -aunque esto sea imposible, a mi edad- es lo mejor del mundo, lo más placentero. Lo último que me duele, ya de forma crónica, es mi brazo derecho a la altura del hombro, lo cual atribuyo a malas posiciones en la cama. Aunque me extraña, porque a esta edad provecta la mala posición es casi imposible por razones obvias, así que vamos a dejarlo así. Hace tiempo que dejé de tirarme de la lámpara. Para que la semana sea completa, he recibido una pequeña sanción de la Agencia Tributaria, ese maravilloso ente recaudatorio, para pagar en junio, así que el mundo es maravilloso, como decía el inolvidable Louis Armstrong. Y eso, no quería contarles nada más.

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