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Por falta de pago

Del Real Club Náutico de Tenerife me echaron por falta de pago. No iba nunca, porque ahí a quienes les renta de verdad la pertenencia es a los que atracan barquito. Del Casino de los Caballeros están a punto de largarme, porque no tengo 60 euros disponibles al mes para pagarme la cuota. Soy un jubileta. De los Rotarios también me echaron por falta de pago. Así que soy un faltodepago habitual, muy a mi pesar, porque me gustaría abonar puntualmente todos mis compromisos económicos. Pero no puedo. Estas cosas a algunas personas les da mucha vergüenza reconocerlo, y más públicamente, pero a mí, la verdad, me importa un cojón porque no tener dinero no es ningún pecado social. Cuando don Paco del Castillo dirigía el Banco de Vizcaya de La Laguna, venían de la península los inspectores de la entidad a revisar los expedientes, ya lo he contado alguna vez. Y cuando le preguntaban al director: “Don Francisco, don Francisco, ¿y este señor por qué no paga su hipoteca?”. Don Francisco miraba al godo y le respondía: “¿Por qué va a ser? Porque no tiene dinero”. Los chupatintas del Departamento de Riesgos de la central se quedaban de una pieza, pero no había razonamiento mejor argumentado que el de don Francisco del Castillo: “¿Por qué no paga? Pues porque no tiene dinero”. Bueno, pues a mí me han echado de esos sitios por falta de pago, de lo cual no estoy orgulloso, pero tampoco me voy a suicidar por ello. Hay tiempos y tiempos en la vida. Ahora, pasado el de la opulencia, llega el del recato en el ingreso y mucho más en el gasto. Y les reconozco a ustedes que soy igualmente feliz en cualquiera de las dos situaciones. Es bueno saber adaptarse al Ferrari y al 500, un suponer. Lo del fantasmeo ya no tiene sentido.

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