tribuna

El busto de don Cándido y la hélice del Canarias; por Alfonso Soriano Benítez de Lugo

Por Alfonso Soriano Benítez de Lugo.| Recientemente han desaparecido del paisaje santacrucero, sin previo conocimiento de su ayuntamiento, dos de los pocos reconocimientos con los que la democracia española quiso honrar a un ilustre hijo de la ciudad y a un crucero de la Armada Española que paseó por los mares el nombre de las Islas. Sin que la Corporación municipal haya aprobado el catálogo de los llamados “vestigios franquistas” y sin que se conozca por la ciudadanía informe legal alguno expedido y aprobado por autoridad competente, lo cierto es que en plena democracia se ha cometido un auténtico desafuero a espaldas del ayuntamiento donde estamos representados todos los ciudadanos.

El busto de don Cándido Luis García Sanjuán (1906-1998) había sido inaugurado en el año 2008 –con un Gobierno socialista al frente de la nación, del que depende la Autoridad Portuaria- en justo reconocimiento a la gran labor realizada por un ciudadano ejemplar. Doctor en Derecho, alcalde de Santa Cruz, consejero del Cabildo insular, procurador en Cortes por Santa Cruz de Tenerife y presidente de la Junta de Obras del Puerto, entre otros muchos cargos. La configuración actual del recinto portuario se debe a la actuación de don Cándido trabajando en plena sintonía con el ingeniero don Miguel Pintor. Entre otras actuaciones notables son de destacar la finalización del muelle de ribera, la ampliación del Dique del Este y la construcción de la dársena pesquera.

En el plano empresarial fue, sin duda, el principal promotor del turismo en Tenerife en los años 50-60 del siglo pasado, en el Puerto de la Cruz y en la Playa de las Américas, así como un gran patrocinador de los transportes terrestres y marítimos entre las islas, creando numerosos puestos de trabajo en una época de gran penuria.

Cuando el que suscribe fue elegido diputado a Cortes por Santa Cruz de Tenerife en las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977, formando parte, como liberal, de la coalición de la Unión de Centro Democrático, tuve el honor de ser nombrado en el primer Consejo de Ministros de la democracia secretario general técnico del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, cuyo titular era Joaquín Garrigues. Y como es lógico una de las primeras decisiones del ministro fue cubrir los cargos de libre designación, entre ellos los presidentes de las Juntas de Puertos Españoles. Y es oportuno recordar ahora la sorpresa del ministro al comprobar que don Cándido seguía de presidente del Puerto de Santa Cruz de Tenerife a pesar de haber cumplido la edad de jubilación de 70 años. Y en mi presencia, interrogado el interventor del Ministerio de Hacienda, dio como explicación que don Cándido ¡no percibía retribución de ninguna clase! O lo que es lo mismo, que trabajaba gratis, por lo que la Intervención de Hacienda no actuaba al no figurar en nómina alguna.

La reacción del ministro, que además conocía a don Cándido, fue encomendarme que, como deferencia, le anticipara su cese por jubilación en el próximo Consejo de Ministros y le agradeciera en nombre del Ministerio sus servicios. Y recuerdo muy bien que, en larga conversación con don Cándido, este me manifestó que no solo no percibía retribución alguna, sino que el cargo le costó muchísimo dinero, ya que ni siquiera tenía gastos de representación. Y así en la visita del general De Gaulle con su mujer a la Isla, a bordo del trasatlántico France, atendió don Cándido de su bolsillo a tan ilustre personaje, como también sucedió en innumerables ocasiones. Esto hoy sería inimaginable, porque hasta el busto que le recordaba fue donado por su familia.

Y como aquellos Gobiernos democráticos de las Transición procuraban ser agradecidos con las personas con comportamientos ejemplares, sin tener en cuenta sus ideas políticas, S. M. el Rey, a propuesta del Gobierno, concedió a don Cándido la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Pero más curioso todavía es que en el año 1991, gobernando el PSOE de Felipe González, fue el grupo municipal socialista del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife el que propuso en la Corporación municipal la concesión a don Cándido de la Medalla de Oro de la ciudad, lo que fue aceptado por unanimidad de las fuerzas políticas. Y con asombro de la ciudadanía, el actual grupo socialista -que dicho sea de paso dudo que sepan quién fue don Cándido- acaba de proponer la retirada de dicha medalla. Circula por las redes la brillante intervención del alcalde de la ciudad, Sr. Bermúdez, poniendo de manifiesto esta contradicción y negándose a tramitar dicha propuesta. Con independencia de lo absurdo de retirar honores a personas fallecidas, que es lo único que saben hacer quienes no fueron capaces de proponerlo en vida de estas.

A la vista de la distinta y contradictoria actuación del Partido Socialista en tan corto espacio de tiempo, cabe preguntarse: ¿es el actual PSOE el mismo que tan brillantes servicios prestó en la Transición o, por el contrario, es otro que ha pasado a denominarse el Partido Sanchista?
En cuanto a la desaparición de la hélice del crucero Canarias, que adornaba la entrada del muelle Norte ¡“por franquista”!, solo nos cabe decir que ni los talibanes de Afganistán lo hubieran hecho mejor. Cuando se llega a tal extremo de irracionalidad lo mejor es pensar que se ha perdido por completo la capacidad de razonar y solo cabe esperar que se recupere lo antes posible.

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