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El mono, principio y fin de la cosa

Primero fue el sida, en los ochenta, en la epidemia que nadie reconoció hasta que la palmó Rod Hudson. Luego el covid, que nos contagió a casi todos. Y ahora la viruela del mono. Hay que tomar al mono como principio y fin de todas las cosas. Un mono, o varios, y una sauna gay de Madrid, ya clausurada por la autoridad sanitaria, han sido los principios básicos para una nueva amenaza epidemiológica. Coño, parece que esta vaina no va a parar y que nuestra procedencia del mono –cada vez más evidente, sobre todo si observamos cuidadosamente a políticos y tertulianos— aporta 49 casos, sólo en España, a esta nueva crisis sanitaria, de momento más leve que las anteriores. Datos del día en que escribo. ¿Quiénes se forran? Siempre los mismos, o sea los laboratorios farmacéuticos, tiranos controlados por los fondos de inversión, esos que compran baratos los créditos fallidos a los bancos; los buitres que persiguen al ciudadano para cobrar, al punto que no nos dejan dormir. No descarten que ahora los fondos buitre se pongan de acuerdo con los monos –al fin y al cabo el mundo es un zoológico- para aguarnos la fiesta por la vía de una nueva pandemia. Pero el mono estuvo presente en el sida y ahora lo está también en la nueva variedad de la viruela. Jodido macaco. Estos son años en que la zozobra no nos va a dejar vivir tampoco. La variedad viruelonga coge a uno ya en momentos tardíos, pero estoy seguro de que la cosa se va a complicar, por las trazas que le veo, por la forma de andar de la perrita. En fin, paciencia, porque ante los laboratorios, ciertas saunas y los chinos uno no puede hacer absolutamente nada.

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