obituario

Falleció Sebastián González, “El Chileno”

Tras haber sufrido hace años un ACV, que logró superar a base de tesón y de sacrificio, falleció en el Puerto de la Cruz Sebastián González Villavicencio. Más conocido desde sus tiempos futbolísticos por “El Chileno”, apodo derivado del Mundial de Chile, Sebastián era un hombre afable y ocurrente, un hombre popular del Puerto, que se hizo famoso en el fútbol regional por la dureza de su juego, por su pundonor y por su espíritu de sacrificio. Lo que no le gustaba era entrenar.

Era de mi generación, o sea que rondaría los 74 años, pero sobre todo era un hombre bueno, amigo de sus amigos y fiel hasta la exageración. Todavía recuerdo cuando lo invité al estadio Santiago Bernabéu para ver a nuestro Real Madrid en un partido de Liga. Aquel viaje cubrió sus expectativas. Él quería visitar el templo blanco.

Cuando unos bromistas –porque ni siquiera los consideré nunca enemigos—cubrieron el Puerto con leyendas contra mí, por atizarle en el periódico y en otros medios a aquella Coalición Canaria conflictiva, y porque se me ocurrió publicar el bulo de que me iba a presentar a la Alcaldía, el Chileno cogió un cubo con cal y agua y aquella misma noche las borró. Una por una. Sin yo ni siquiera pedírselo.

Era lo que se dice un hombre popular. Montó varios establecimientos de comidas y él mismo, y a veces su mujer, cocinaban unos pucheros espléndidos. Más de una vez invité a gente conocida a degustar sus guisos en sus chiringuitos y todo el mundo salía satisfecho, no sólo por la calidad de lo que comían sino por la conversación de Chani, que se inventaba unas aventuras abracadabrantes. Es difícil buscar otras ocasiones en las que nos riéramos tanto los amigos.

Ha muerto, tras pasar muchos meses de calvario, porque el primer accidente vascular cerebral lo dejó muy tocado. Hace meses me lo encontré por la calle con su mujer y le regalé unas botellas de vino que llevaba en la mano. No sé si se las bebió, como era su intención, pero me alegré mucho de verle y siempre he estado al tanto de su salud, a través de amigos comunes que lo visitaban.

Era un hombre ocurrente y de recursos. Un superviviente. En Madrid vació de lápices con el logo del establecimiento un carrito del hotel donde nos alojábamos para regalárselos a los amigos del Puerto y para demostrarles que era verdad que había estado en el Santiago Bernabéu y visitado la capital. Yo no me voy a olvidar del Chileno, que andando los años me llamó para decirme que su hijo, Marco Antonio González –a quien no conozco personalmente—, había sido elegido alcalde del Puerto de la Cruz. Sigue en el cargo. Para él fue un orgullo.

En mi casa de La Orotava organizaba los tenderetes que yo ofrecía a mis amigos en los tiempos de mayor opulencia. Hacía unos pucheros estupendos y a su personal lo presentaba impoluto, con delantales personalizados y pulcramente uniformados.

Lamento mucho su muerte y envío a sus familiares y amigos el testimonio de mi más sentido pésame. Era una delicia compartir ratos con él y yo disfruté mucho de su amistad. Descanse en paz.

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