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Fue Mohamed

Ahora resulta que quien se mamó los datos de los teléfonos de Sánchez y de Margarita se llama mi amor, ¡uno, dos!, fue el moro. El moro Mohamed, a través de su servicio secreto con chilaba. Sánchez fue a Ceuta y le pasaron el Pegassus (los israelitas le ponen dos eses) por los besos. El sistema cabe en una maleta de piloto, que se coloca a menos de tres kilómetros del designado y se le escuchan hasta los gufos. El moro Mohamed tiene, además de las conversaciones pertinentes, una colección de gases fétidos, incluidos los de Sánchez y los de Margarita se llama mi amor, ¡uno, dos! Este es un país lleno de desgracias, en el que todo el mundo quiere enterarse de lo que hace o deja de hacer el de al lado y hasta del ruido de sus resoplidos por retambufa. ¿Me quieren decir ustedes, desocupados lectores, qué secretos oficiales pueden existir en este territorio de chicha y nabo como es la piel de toro? ¿Trabaja alguien espiando en España? ¿Y qué se puede espiar en España? Lo cierto es que a todo el mundo lo ha puesto muy nervioso lo del espionaje telefónico, incluidos el PP, Vox y Ciudadanos y no digamos el PSOE. Ha sido lo único que ha unido a estos cuatro partidos, que en realidad son tres porque de Ciudadanos no quedan ni las babas. Pero, como ocurre siempre, tiene que caer alguien. Y va a caer Paz, que lleva cuarenta años en el CNI, para poner a un general del agrado del sociópata. No sé, me parece cruel. Pero cada vez se extiende más la especie de que fue el moro Mohamed quien mandó a sus chilabones a robarle los gigas a Pedro Sánchez, santa gloria bendita.

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