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Mano de piedra

Conocí a Roberto Mano de Piedra Durán, el campeón mundial de boxeo de varias categorías (desde los ligeros a los medios, pasando por los welter y superwelters) en el restaurante Victor´s Café, de la calle 52, en Nueva York. Frecuentemente íbamos a cenar allí Javier Zerolo y yo y Roberto, que era muy amigo de Víctor del Corral, el propietario del local, siempre estaba sentado en la barra, tomándose un whisky o un ron. Lo saludábamos, aunque no hablaba mucho con sus desconocidos admiradores. Yo cenaba unos frijoles con arroz u otro plato cubano y me bebía unas cervezas y respiraba el ambiente cubano del exilio, porque allí era cubano todo el mundo, hasta el pianista. Yo creo que el pianista, al menos en algunas ocasiones, era Frank Domínguez, autor entre otros temas de “Tú me acostumbraste”. Es curiosa mi relación con el boxeo de altura porque en el Hilton de Caracas el famoso promotor norteamericano Don King se alojaba en la suite contigua a la mía y yo lo saludaba por los pasillos y en el bar, donde siempre estaba esperando a alguien. Ahora, en HBO, acabo de disfrutar con un documental sobre la vida de Roberto Durán, considerado como uno de los púgiles más importantes de la historia del boxeo. Fue portada de las grandes revistas americanas, ganó mucho dinero y se lo gastó. Aún se recuerdan sus tres enfrentamientos con Sugar Ray Leonard, otra leyenda. La primera vez Roberto masacró a su rival; la segunda abandonó porque Leonard le tomaba el pelo; y la tercera Mano de Piedra destrozó a Ray, pero los jueces le dieron ganador a este último, de forma incomprensible. Voy contándoles a ustedes cosas que no me dio tiempo de incluir en mis memorias, que ahora buscan financiación para ser editadas.

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