el charco hondo

¿Por qué no escribo sobre Chanel?

Porque me parece que antes, durante y después se han sacado las cosas de quicio, convirtiendo un concurso, una canción y a una cantante en cuestión patria elevada a la categoría de los asuntos de Estado. No he escrito, ni voy a escribir una sola línea, sobre el chanelazo. Teniendo muchísimo mérito cantar sin desafinar mientras haces acrobacias, el viaje que la tal Chanel ha hecho del infierno al cielo, esa transición del odio al amor, del suelo al techo, de la bilis a los aplausos, me parece una chanelada españolísima, marca España. Nunca se nos dio bien el término medio, la mesura. Este país siempre se ha sentido más cómodo en los acantilados de la visceralidad, de lo intestinal. Saltamos sin transición de la criminalización a la beatificación, del destierro al homenaje, y lo hacemos obviando las disculpas por pasar del negro al blanco sin sonrojarnos. ¿Por qué no escribes sobre Chanel?, me han preguntado varías veces, de días a esta parte. No he escrito, ni pienso hacerlo, porque me cuesta subirme al barco de los mitos de fin de semana, de los héroes de usar y tirar, fast food. Confieso que la canción me parece del montón, absolutamente estándar, un calco de tantísimas, pero no veo qué sentido tiene dedicar un par de líneas a lo que opine sobre una canción que no queda, no dice, no se recuerda. No escribo sobre Chanel porque prefiero, si acaso, leer a otros. A Alberto Rey, por ejemplo. O a Roy Galán afirmando, con razón, que España es diversa le joda a quien le joda porque la diversidad -dijo- es la fortuna de nuestro mundo. No despilfarraré una columna preguntándome cómo es posible que en este país algunos partidos se empeñen en contaminarlo todo, que también se haga política (se quiera sacar tajada) colándose en una eliminatoria o votación para elegir una jodida canción. No escribo sobre lo de Chanel, ni hoy, ni nunca, porque, más allá de la dramatización que ha rodeado su episodio, me quedo con que la polémica confirma que la pandemia quedó atrás y que, recuperada la normalidad, nos permitimos dramatizar con tamaña chorrada; pero para qué escribirlo, lo pienso y listo. ¿Por qué no escribo sobre Chanel? Porque lo único que me interesó fue echar un rato simpático con la bobería de Eurovisión, y lo tuve, como espectador intermitente de un festival reconvertido inteligentemente en un espectáculo visual de primerísimo nivel. Paso. Ni he escrito ni voy a hacerlo. Allá los exaltados de la política, la dramatización y otros dolores. Paso. Tampoco escribiré sobre Sam Ryder, ni de su deliciosa Space Man, sin duda la mejor canción de aquella noche. ¿Por qué no escribes sobre Chanel?, me preguntan. Porque no sé qué contar, respondo.

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