tribuna

Razón, orgullo, Canarias; por Anselmo Pestana

Por Anselmo Pestana.| Con el mundo por frontera, ser canario es mi razón”, así dice la célebre canción Soy de aquí, de Benito Cabrera. Y es que las fronteras, entendidas como distancias, han estado siempre muy ligadas a nuestra tierra.

Lo fue en un pasado no tan lejano, cuando a muchas personas les tocaba hacer la maleta para encontrar nuevas oportunidades. Lo ha sido en el pasado más reciente, cuando tuvimos que poner distancia con nuestras familias, con nuestros empleos y casi con todo aquello que nos podía recordar cómo era la vida que conocíamos, la cotidianidad. Con el objetivo de cuidarnos, de resistir, de luchar contra un virus que vino a revolver nuestras vidas. Lo ha sido en el pasado inmediato, cuando el volcán de Cumbre Vieja decidió establecer para muchas personas una frontera de lava entre la vida que llevaban hasta ese momento y la que tocaría llevar a partir de ahí. Una frontera que se construyó de manera física en la isla de La Palma pero que ha sido llorada también por las otras siete islas del archipiélago. Además, no podemos olvidar que, desde el 24 de febrero, las fronteras vuelven a ser noticia, por la injusta y salvaje invasión sobre Ucrania decidida por Putin. Un régimen que busca imponer su modelo de vida en lugares que no le corresponde. Un modelo de vida tan alejado de nuestros valores, de la democracia, de la tolerancia y del respeto mutuo.

Estos acontecimientos me hacen reflexionar sobre los logros obtenidos durante estos años, ya que estos pueden ser más frágiles de lo que pensábamos y sobre la necesidad que tenemos de valorar nuestros derechos, nuestra democracia y nuestro Estado del Bienestar. De cuidarlos, pero no con el cuidado que se le da a algo frágil, sino con el que le damos a algo valioso.

Casi cuarenta años han pasado ya de la primera sesión del Parlamento de Canarias. Aquel 30 de mayo de 1983, el socialista Pedro Guerra Cabrera como primer presidente de la cámara puso en marcha la primera legislatura de nuestra autonomía. Aquel 30 de mayo de hace casi cuarenta años, aquel chico de La Palma que era yo entonces, no hubiera pensado que la vida me depararía tal honor como es representar al Gobierno de España en nuestra tierra. El honor mayor de servir desde las instituciones a su pueblo. Al lado y al servicio de todas aquellas personas que se han desvivido luchando contra la pandemia, contra la devastación de la erupción volcánica, implicados en dar una acogida digna a quienes vienen a nuestras costas en busca de oportunidades, comprometidos en combatir el resto de realidades dolorosas que hacen nuestro día a día un poco más difícil. Un honor en todos los sentidos, como representante orgulloso de un gobierno que está del lado de las personas. Y como miembro de un pueblo que ha estado durante toda su historia a la altura de las circunstancias.

Casi cuarenta años de autonomía que han permitido avanzar en derechos con el resto de España, en el mejor periodo de nuestra historia, que nos ha homologado a las democracias más asentadas y, pese a las dificultades y crisis, ha mejorado nuestro bienestar colectivo. Instituciones autonómicas sólidas, incluidos los Cabildos Insulares, que conjuntamente con las Corporaciones Locales, construyen un entramado institucional cercano a los ciudadanos y las ciudadanas de nuestra tierra. Educación, sanidad, servicios sociales, infraestructuras viarias… en todo y en mucho más, hay un antes y un después de ese 30 de mayo de 1983.

Pensándolo en relación con lo mencionado anteriormente, no cabe otra palabra que orgullo cuando vemos que cifras cercanas al 90% de nuestro pueblo se ha vacunado contra la COVID. Tenemos en mente a las 1743 personas de nuestra tierra que dejaron de estar a nuestro lado debido a este drama y tenemos, también, la conciencia del sufrimiento que hemos vivido durante estos años y toca ahora volver, poco a poco, a disfrutar de nuestras familias, de nuestras amistades, de nuestra tierra.

Gracias a esta feroz lucha que estamos llevando a cabo de manera conjunta tanto las Instituciones como la sociedad estamos recuperemos la convivencia, la vida tal y como los conocíamos. En un orgullo ver a una mujer de nuestra tierra, la ministra de Sanidad, al frente de este mayúsculo reto. Y ese orgullo vuelve a quedar patente cuando instituciones nacionales e internacionales respaldan las medidas que este Gobierno ha utilizado para reconstruir nuestra sociedad. Reconstrucción materializada en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que dota a Canarias de importantes recursos, en buena parte transferidos directamente a Canarias y que, conjuntamente con los fondos directamente asignados por las instituciones europeas, financian proyectos que riegan de posibilidades a todas las islas de nuestro archipiélago. Posibilidades para que se reactive la economía, para que se genere empleo, para que se haga sostenible nuestro modelo económico con plena transformación digital de administraciones y empresas, para fortalecer a su vez el estado del bienestar después de años en los que no fue cuidado de la manera que nuestro pueblo se merecía.

Orgullo sigue siendo la palabra que expresa el sentimiento al ver a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que logran los mejores datos de reducción de la criminalidad y de esclarecimiento de hechos delictivos de la ultima década y que, conjuntamente a las fuerzas armadas, a instituciones públicas científicas, voluntarios y profesionales, dieron un extraordinario ejemplo de entrega y coordinación con ocasión de la erupción volcánica de La Palma, ejemplo que ha sido elogiado también fuera de nuestra autonomía y que ha servido para reforzar nuestro Sistema Nacional de Protección Civil. Un reto enorme con unos siete mil desplazados, con dos mil edificaciones destruidas y 85 días de angustia de una ciudadanía que demostró, una vez más, cuánta buena gente habita esta tierra canaria.

Orgullo también por la respuesta del Gobierno de España, que nos quiso demostrar que estaba del lado de Canarias, celebrando en La Palma la vigésimo sexta Conferencia de Presidentes autonómicos. Donde se establecieron medidas de inversión económica con los que mitigar la tragedia, medidas que se sumaban a las que desde el minuto uno se habían puesto en marcha, en coordinación con el Gobierno de Canarias, Cabildo y Ayuntamientos. Medidas que incluían paquete de ayudas directas a los afectados por la pérdida de su primera vivienda; de un plan de empleo dotado de 63 millones de euros que ha permitido ya la contratación de 1600 personas; de casi 18 millones de euros con los que financiar actuaciones turísticas, para apoyar a autónomos y autónomas, a las pymes; de creación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTES) de manera especial para 1.800 trabajadores y trabajadoras, y de ayudas a los autónomos, de 30 millones de euros en ayudas para el sector primario afectado; de recursos para adquirir viviendas donde alojar a quienes han perdido su hogar hasta que se dispongan de medidas definitivas; recursos económicos para infraestructuras, como la ansiada carretera de la costa, imprescindible para la recuperación de las comunicaciones viarias entre el norte y el sur del Valle de Aridane, ahora interrumpidas. En definitiva, junto con los casi doscientos millones de euros abonados ya por el Consorcio de Seguros, una actuación entre administraciones sin parangón en la historia de nuestro país.

Orgullo del Gobierno de España. Por estar en el lado correcto de la historia. En el lado de los que no miran a un lado ante la injusta invasión de Ucrania. Justamente en La Palma se decidieron las primeras sanciones a Rusia. Una respuesta coordinada, proporcional, acogida por todos los países europeos que entienden que la libertad y la responsabilidad no permite otra actuación, o falta de ella. Y como no, del pueblo canario, que vuelve a mostrar su solidaridad acogiendo a las personas que huyen del hambre, de la miseria y de las injusticias que las guerras generan en África buscando una puerta de salida hacia Europa que les permitan nuevas oportunidades para ellos y ellas, para sus familias y para sus países.

Estamos viviendo unos años que tendrán una gran repercusión en la historia de Canarias, de nuestro país y de la humanidad. Unos años en los que las circunstancias nos muestran de forma descarnada lo débil que sigue siendo todo lo construido y cómo tenemos que seguir trabajando intensamente para crear una sociedad más fuerte y justa a través del fortalecimiento de nuestras instituciones y políticas públicas, que con una sociedad civil plural y solidaria, son la única vía para tener respuestas acertadas ante retos como los vividos y aquellos que nos quedan por resolver en el futuro más inmediato.

Y un día como hoy no podemos olvidar a los canarios que por distintas razones viven fuera de nuestro archipiélago, en el resto de España y de Europa y, en especial, a los que viven en nuestra amada Hispanoamérica y, si mi lo permiten, a los que viven con mayores dificultades por la inestabilidad política o económica. Los canarios de nacimiento o de acogida, no podemos olvidarnos de ellos en un día tan señalado. Una tierra que sabe, con marcas en la piel de la historia, que nada es fácil, tiene que alzar la mirada hacia un mundo que precisa aún de la defensa de nuestros valores, ahora cuestionados. Y una descentralización reconocida en el Título VIII de la Constitución, que nos reconoce como pueblo en una España país plural y extraordinaria, y que nos ha permitido alcanzar nuestras mayores cotas de bienestar de nuestra historia. Esa es la Canarias que es nuestra razón.

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