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El carnaval de la basura

Los servicios de limpieza de Santa Cruz retiraron 192.000 kilos de basura de las calles de la capital tinerfeña. Emplearon 2.000 litros de detergente y miles y miles de litros de agua. Lo que se coló por las alcantarillas se fue al mar; lo otro, a los vertederos. No es buen carnavalero el que no mea en la calle. Mear en la puerta de los comercios es un ejercicio normal en estas fiestas absurdas, se celebren en enero como en junio. Esta es la diversión: beber hasta cargarse del todo y mear donde a uno le dé la gana, cuando no hacer aguas mayores en un rincón ante cualquier apretón. Es decir, trasladar la Edad Media al siglo XXI, que es muy propio de un pueblo civilizado y tan cuerdo como el nuestro. El carnaval equivale ahora a un poncho, un sombrero cualquiera –vale el de Cantinflas-, la cara pintarrajeada y una buena cargacera para así potar a gusto junto al contenedor. Ha desaparecido el buen gusto, se da mucho trabajo a los sanitarios del hospital “de campaña” y jóvenes y maduros se lanzan a la molicie más espantosa y a una interpretación basta del dolce far niente. Este es el carnaval que nos queda: la poca gracia de las murgas, que ya es tradicional, y los 192.000 kilos de basura, porque cuanto más mierda lances al suelo mejor carnavalero eres. Los datos no me los invento yo, los publica desde ayer este periódico y son los aportados por la empresa encargada de recoger los desperdicios. No se cuentan las ratas (cuatro por habitante) que han aparecido entre tanto desastre.

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