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Las mujeres gitanas de Tenerife sienten terror al enfrentarse a las trabajadoras sociales

Un estudio constata las barreras “materiales y simbólicas” que dificultan la relación entre el personal de la Administración y las demandantes, y la complejidad de acceder a las ayudas y mantenerlas

Un estudio que analizó las relaciones de las mujeres gitanas de Tenerife con las Administraciones competentes en la Protección y los Servicios Sociales constató “las barreras materiales y simbólicas” que dificultan las relaciones entre las “demandantes y el personal de la Administración”, en “ambas direcciones”, y la complejidad a la que se enfrentan en el “acceso a las ayudas y en mantenerse en el sistema”. Esto conlleva “ineficacia”, tanto a nivel social, que repercute negativamente “dificultando los procesos de inclusión” de las familias gitanas;, como a nivel económico, “ya que los recursos no aportan soluciones reales” a los problemas que plantean.

La Asociación de las Mujeres Gitanas Rimí Camela Nakerar y el Área de Acción Social, Participación Ciudadana y Diversidad del Cabildo de Tenerife han trabajado en el proyecto ¿Qué camelan las gitanas? De la incomprensión cultural a la transformación social, con el objetivo de describir y analizar las relaciones de las mujeres gitanas con las Administraciones Públicas que tienen competencias en el ámbito de los Servicios Sociales, así como otras entidades del tercer sector que prestan ayuda al colectivo.

Se trata de un proyecto pionero de investigación colaborativa desde una metodología etnográfica que puso sobre la mesa propuestas innovadoras para trabajar en conjunto con diversas instituciones -gitanas y no gitanas- con la finalidad de transformar su realidad social. Unas 32 mujeres, de entre 30 y 70 años y con diferente perfil socioeconómico, se han beneficiado de esta iniciativa, así como los más de 150 integrantes de su familia: esposo, hijos y mayores y menores a su cargo”, señaló Anna Ewa Palasinska, graduada en Sociología y coordinadora del estudio, que, tras iniciarse en La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, se amplió hacia Granadilla y Arona.

La presidenta de la Asociación de las Mujeres Gitanas Rimí Camela Nakerar, Josefa Santiago, afirmó que “tenemos una sociedad que es injusta con las mujeres y con la comunidad gitana, y la mujer gitana aún lo es más”. La comunidad gitana en la Isla está formada por unas 450 familias concentradas en La Cuesta (150), Granadilla y Arona (150), Añaza (100) y otros lugares de la capital.

En el marco del proyecto se ha realizado un ciclo de talleres formativos sobre competencias digitales, relaciones con las administraciones, así como la elaboración de las encuestas, entrevistas y fichas de observación. Tres mujeres gitanas realizaron el trabajo de apoyo a la investigadora, recopilando la información desde la perspectiva de las demandantes y de las entidades públicas y ONG.

Para Josefa Santiago “nos ha permitido ver quién falla, si somos las gitanas que no sabemos comunicarnos o es la Administración. Las gitanas con cargas familiares siempre han sentido un terror muy grande al enfrentarse a las trabajadoras sociales porque no comprenden nuestra comunidad y no se ponen en nuestro lugar. Deben entender que si vamos a ellas es porque no tenemos otro sitio al que acudir”. En ocasiones ha tenido que mediar “para hacer entender a las administraciones que deben adaptarse un poco a la vulnerabilidad que tienen las mujeres gitanas. Tenemos unas leyes y cultura milenaria que no podemos romper de la noche a la mañana”, recalcó. Algunas trabajadoras les dicen a las mujeres “que denuncien a sus maridos, pero nosotros no podemos hacerlo, crearíamos un conflicto familiar muy grande que hay que evitar y, por ello, no reciben las ayudas sociales que les pertenecen”, lamentó Santiago.

Tensión histórica

Para la investigadora Anna Palasinska “la problemática es bidireccional”, consecuencia de una “tensión histórica que se sigue arrastrando hasta nuestros días”. “La cuestión gitana supone una realidad muchísimo más amplia. Ninguna parte tiene más responsabilidad que la otra. En general, se confirmó la dificultad de la relación entre las mujeres gitanas y las administraciones, así como la influencia de otros factores estructurales y culturales. Desde el punto de vista de la comunidad gitana son las mujeres las que hacen todos los trámites ante la Administración. Ellas tienen que ocuparse de todo, de la casa, ser cuidadoras de los mayores y de los niños, ayudar en el trabajo y si la venta ambulante no ha dado el dinero suficiente, ellas deben buscarse la vida para conseguir el dinero para la comida. Todo pasa por ellas y si algo sale mal, es su culpa”, destacó la investigadora.

Ante la Administración, la mujer gitana “se siente perdida, tiene problemas con el papeleo y no entiende lo que le dicen. Además, entra en la oficina con miedo, se le viene el mundo encima al relacionarse con alguien que representa al poder y que decidirá si puede o no obtener esa ayuda para comer”, destacó. Con poca formación y brecha digital, “parece como si fueran a un examen, en un lugar desconocido, donde se sienten juzgadas y discriminadas, y pierden los nervios”. Asimismo, tienen problemas de comunicación, “porque el lenguaje que utiliza la Administración es difícil de entender”.

Con la crisis de la COVID, las relaciones con las administraciones se han dificultado. “Han pasado de un acceso presencial a realizarse muchos trámites vía online, lo que ha dificultado a diversos colectivos más desfavorecidos y de mayor edad poder pedir cita o sacar documentos”, lamentó.
Palasinska destacó que “las mujeres sienten los estereotipos y prejuicios”; por tanto, hay que “mejorar la interacción entre las usuarias y la administración a la hora de acceder a los servicios sociales de base, y a las diferentes pagas y prestaciones. El foco en especial debe centrarse en la relación entre mujer gitana y la asistente social”, reitera.

Josefa Santiago, presidenta de la Asociación de las Mujeres Gitanas Rimí Camela Nakerar. FP

Josefa Santiago: “Nuestro futuro está en la educación o seguiremos condenadas a la marginación”

En agosto de 1994 nació en el barrio de La Candelaria, en La Cuesta, la asociación Romí Camela Nakerar para salvar las discriminación que sufren las mujeres gitanas. Desde entonces los proyectos y actividades están enfocados a empoderar al colectivo femenino, mejorar la calidad de vida de las gitanas y sus familias, y crear redes de apoyo entre su pueblo y la sociedad.

Su presidenta, Josefa Santiago Fernández, recalca que la mujer gitana tiene una posición de debilidad en la sociedad y dentro de su comunidad, “cuando resulta que nosotras somos las fuertes, la columna vertebral de las familias”, sostuvo. “Tenemos muy poca libertad. Necesitamos espacio personal y profesional para crecer”, afirmó. Las mujeres gitanas “somos criadas con unos roles muy marcados, y estamos luchando para que nuestras jóvenes no abandonen y den prioridad a sus estudios y su propio futuro, y no se casen a edades tempranas”.

Cuestionada la fundación de Camela Nakerar (mujer que toma la palabra, en romaní), que causó un gran revuelo entre el pueblo gitano tinerfeño, Josefa Santiago reconoció que “nació por la injusticia tan grande que había hacia la mujeres gitanas. No podíamos levantar la voz cuando habían hombres, no podíamos entrar en un bar cuando estaban ellos, no podíamos tomar decisiones, la niñas mayores de 12 años no podían acudir al colegio, éramos invisibles, estábamos destinadas a cuidar la casa, a nuestros maridos, trabajar y tener niños. Nos reunimos cinco valientes y decidimos dar el paso, dimos un grito de rebeldía ‘la mujer quiere hablar’. Nos hemos enfrentado a muchas cosas, pero seguimos en pie”.

Los primeros proyectos se centraron en apoyar la escolarización de los niños y niñas, buscando libros y materiales, como insistiendo en el acompañamiento y apoyo para evitar el absentismo y el abandono escolar. Con el paso del tiempo nacieron otras actividades innovadoras como el programa Gelem Gelem (camino camino, en romaní) o el Centro de Apoyo Integral al Pueblo Gitano Kamira, que ayuda a las mujeres y sus familias en la promoción en igualdad, la prevención en salud, el acceso al mercado de trabajo, la formación de los adultos y promover su crecimiento personal.

Cumplió su ilusión de tener una oficina de atención a la mujer y la familia gitana. “Quería que la sede fuera un refugio, aquí no se les juzga, no se les dice lo que tienen que hacer o no, pero sí se les aconseja y ayuda en lo que necesiten. Cuando esas mujeres se dan cuenta que no tienen la vida que desean, aquí estamos nosotras para hacerles la vida más fácil, oírlas y ayudarlas”, reiteró.

La asociación cuenta con más de 200 familias de la Isla atendidas, además de otras 50 familias que llegaron de otros lugares y necesitaron una ayuda puntual.

Formación

Otro objetivo es el empoderamiento a través de la formación. “Queremos que las jóvenes y mayores tengan una vida mejor. Tenemos un grupo de 15 mujeres de 18 a 35 años que estudian con Radio ECCA para obtener el Graduado escolar, y otras 15 mayores de 40 también se están formando. Nuestro futuro está en la educación o seguiremos condenadas a la marginación. Queremos poner un grano de arena para que la comunidad gitana avance hacia un futuro digno e igualitario”.

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